Coda (2021)

El español le pusieron a esta película La Última Nota (2021) y en otros idiomas sus equivalentes, nunca he entendido por qué. En el léxico de los músicos que han estudiado, Coda se refiere a la sección de una pieza que equivale al final o ‘la cola’, que es lo que Coda significa en italiano.

La Última Nota se refiere al ‘acto final’ de un gran pianista, Henry Cole, interpretado por  Patrick Stewart quien se enfrenta al regreso a los escenarios luego de una ausencia provocada por la muerte de su esposa.

Se trata de una película armada con flashbacks no siempre claros, no sé si de forma intencional para confundir al espectador, porque pretenden sorprendernos al revelar un secreto hasta el final o simplemente el editor hizo un pésimo trabajo.

La trama en sí es un estira-y-afloja del alma del pianista, por un lado su miedo y renuencia a estar en el escenario, un fenómeno que parece aquejar a ciertos músicos, que simplemente pierden las ganas y si a esto le agregamos el complemento del pánico escénico, lo que resulta es que no volvamos a ver un concierto de ellos más que en video. Y por el otro lado está el hacer lo que quiere hacer.

Si bien la balanza en su interior apunta al retiro, su agente, Paul (Giancarlo Esposito) hace un muy buen trabajo al arrastrarlo al escenario valiéndose de todos los trucos que tiene un agente veterano como él. Y a esto se une Helen Morrison, escritora de la revista New Yorker, interesada en escribir una larga entrevista con el pianista que ha retomado su actividad.

Sils

Helen Morrison es interpretada por Katie Holmes.

Otro de los protagonistas de la película es el pueblo de Sils en Suiza, a donde el pianista se ha retirado para recargar energías, el pueblito al pie de los Alpes es sencillamente una postal (cada que escribo de Suiza, no importando qué localidad utilizo el mismo cliché: ‘es una postal’).

El director (Claude Lalonde) aprovechó todas y cada una de las tomas del pueblito (tanto que la del río la repite varias veces, aunque no venga mucho al caso) y del hotel Waldhaus del que la cinta podría ser un bonito comercial. Quizá me distraje, pero sentí que no distinguen bien entre el hotel y el Nietzsche-Haus, que son dos edificios distintos en el pueblo (no que tenga que ver con la trama, solo que me sentí engañado).

Para ser la película sobre un pianista, la música es lo que falla, se les fue de las manos la oportunidad de hacer de la música un protagonista y me asombra que al parecer solo Miloš Forman lo lograra cuando hizo Amadeus (1984) hace ya tantos años.

Pero buscándole a la película algo positivo, además de los paisajes, hay un momento en que se discute a los pianistas y a los vinos… y se dice que todos son iguales… y sí, para el público en general entre un buen pianista y otro no hay diferencias, así como no lo hay entre un vino y otro, es un grupo de gente pretenciosa que se empeña en buscar las pequeñas diferencias a quien los grandes pianistas deben su fortuna (que se podrán gastar en vinos, igualmente seleccionados).

Dicho esto, la trama al final se resuelve de forma sencilla, como una sonata de Beethoven.