Sound of Metal (2020)

De las nominadas al Óscar como Mejor (en realidad ‘más valiosa’) Película, esta era de la que menos esperaba y la que mejor sabor de boca me dejó (sigo pensando que The Father (2020) debe ganar, pero gracias a Hopkins yo esperaba que fuera una gran cinta).

La película trata de una discapacidad y de las adicciones, el protagonista, Ruben (Riz Ahmed, que lo hace muy bien) es el baterista de un grupo de heavy mierda que así nomás y en un par de días se queda sordo. Si perder el sentido del oído es una verdadera calamidad, para un músico es atentar contra su estilo de vida.

Para poner las cosas peor con su estabilidad (vive en una camper, muy al estilo de Nomadland (2020) pero siguiendo la ruta de su gira, lo cual hace sentido), su novia es la vocalista del grupo, lo cual supone dejarla a ella sin baterista, dejar el grupo, dejarla a ella.

Lo que me empujó a ver esta película fue el ver… bueno, escuchar el sonido, porque está nominada también al Óscar por Mejor Sonido y en el equipo hay tres mexicanos involucrados. Esto me dio gusto, pero más lo que tuvieron que trabajar pues el sonido es uno de los protagonistas de la película… porque así como en The Father nos hacen vivir el Alzhaimer de Anthony, aquí nos hacen sentir la sordera de Ruben.

La película es el viaje de Ruben hacia el mundo donde no existen sonidos, pero sí gente dispuesto a ayudarle, comenzando por su novia Lulú (Olivia Cooke) y Joe (Paul Raci), el encargado de un centro de rehabilitación para adictos con sordera para educar a los sordos a aceptar su condición y vivir feliz con ella, además de algunos personajes que le hacen ver que la vida continúa.

La película nos lleva por el desesperado camino de Ruben hacia esta vida, este aprender a vivir sin sonidos (y claro, a tener que proponerse a qué se va a dedicar, cuál es su misión en la vida) o el buscar remediar su sordera mediante una operación.

Al final, el drama va más allá, a las cosas importantes en la vida (la gente que está ahí para uno cuando debe de estar) y el final es una auténtica belleza, no por el desenlace en sí -que de por sí es una maravilla- sino por cómo las cosas sueltas en el argumento son retomadas en los últimos minutos de la película, apuntaladas en el final y sosteniéndola toda.