The Father (2020)

Hay un par de películas sobre enfermedades mentales (más notoriamente la esquizofrenia) que tengo en una lista larga de favoritas: The Fight Club (1999) con Brad Pitt y Edward Norton (quien en Motherless Brooklyn (2019) protagoniza de forma magistral a un personaje con Síndrome de Tourette) y Mr. Brooks (2007), ambas tratar en asunto de la personalidad disociada de formas distintas, pero más o menos desde la misma perspectiva.

Claro está que en Silence of the Lambs (1991) y otras tantas como Criminal (2016) el protagonista tiene una enfermedad mental más que obvia… y así podemos recorrer las películas que gusten y manden, de todas ellas la forma más original de presentar una desestabilidad mental es The Father (2020).

Lo que logra la historia por Christopher Hampton y Florian Zeller (quien también dirige) es el relato en primera persona de lo que antes de llamaba ‘demencia senil’ y hoy conocida como Alzheimer. La obra es original de Zeller, quien la escribió para teatro en 2012.

Si la obra es una genialidad, que nos hace vivir el problema desde el punto de vista del afectado (sin matices hollywoodescos de por medio, como en las primeras películas que cité), la actuación de Anthony Hopkins está a la altura de todo lo que le pudieron aventar en el guión.

Hace mucho tiempo no me topaba con una película que me tuviera como espectador, tratando de averiguar qué chingados está pasando (fuera del típico caso de quién es el chingado asesino, pero este no es el caso, aquí uno no entiende qué chingados está pasando) y cada nueva secuencia, otra vez dejan al espectador tratando de averiguar qué es real, qué no, qué pasa y es, de verdad, angustiante.

A estas alturas ya vi todas las películas nominadas al Óscar como la mejor del año y, sin dármelas de crítico o conocedor, esta es por mucho, por mucho, la mejor. Es más, me parece que a las demás las nominaron porque hubo pocos estrenos… PERO… a la Academia se le ocurrió incluir temas para las nominaciones que NADA tienen que ver con el arte cinematográfico y ahora resulta que se están fijando más en el valor social de las películas.

Hopkins hace un papel de premio, claro que el guión le da para un despliegue impresionante que van del carácter fuerte que se sabe en el poder, pasando por el desconcierto, el hombre encantador y el perdido. El argumento le permite todo esto, pero el actor lo aprovecha todo para mostrarnos de qué está hecho.

El premio este año no de dará, como dice Bill Maher, a la mejor película sino a la ‘más valiosa’, entendiendo el valor como inclusión. Supongo que en ese caso llevan mano The Trial of the Chicago 7 (2020) y Judas and the Black Mesiah (2020), pero esta es una obra de arte, las otras son más denuncia que lo que en otros idiomas se denomina cinema.

La fotografía, por cierto es hermosa, cada encuadre es una obra de arte con una iluminación calmada, cálida, que contrasta con la tragedia que presenciamos de una mente que poco a poco se va borrando, como en la mítica secuencia de 2001: A Space Oddysey (1968) cuando HAL le dice al astronauta: “Dave, mi mente se está yendo”, solo que aquí el protagonista no sabe que su mente lentamente se va borrando.

El diseño de la producción, los pequeños detalles, los libros, el reloj e incluso la música, todo está cuidado a un nivel obsesivo y al entender cada uno de los cambios de escena en escena, nuestro corazón se va rompiendo un poco más.