The Rise of Skywalker (2019)

Cuando en 1978 mi papá me llevó a ver Star Wars (1977) en el desaparecido cine El Dorado 70 en la Ciudad de México, me hice casi de inmediato fan de lo que sería la franquicia. Desde la aparición en 1999 de una nueva oleada de películas de Las Guerras de las Galaxias, creo que las he estado juzgando desde la perspectiva de un niño de diez años en los años 70.

Obviamente, ninguna de las películas aparecidas a partir de 1999 superaron a las tres primeras entregas de la saga, a saber: La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi.

Por eso, antes de ir a ver El Ascenso de Skywalker decidí (como si tuviera remedio) que ya no tengo siete años y que ninguna película volverá a apantallarme con sus efectos especiales como la primera.

Visto así, la película dirigida por JJ Abrahams funciona bastante bien, es una copia adelantada (tanto en efectos como en personajes) de El Regreso del Jedi que si bien exagera con los duelos con las espadas láser (no las llamaré sables de luz), así como en las batallas de naves espaciales, juega bien con el vértigo y explora un par de escenarios nuevos para la saga, aunque no deja de utilizar al desierto como la casa del filme.

Así como Luke Skylwalker (Mark Hamill) fue el protagonista en la primera trilogía y Anakin Skywalker (Jacke Lloyd y Hayden Christensen) en la pésima segunda-primera parte, para el nuevo milenio y ya en manos de Disney, se decidió que el protagónico fuera Ray (Daisy Ridley), una mujer que está a la altura de la Princesa Leia.

El resto de los personajes iban quedando corto, en esta entrega se le agrega a Finn (John Boyega) un toque de historia, lo mismo que a Poe Dameron (Oscar Isaac), cuyo personaje ha caído en la desgracia de ser comparado con el Han Solo de Harrison Ford, comparación en la que en todas las líneas saldrá perdiendo… pero, para las nuevas generaciones tanto Finn como Poe salen de este capítulo ‘final’ bastante bien librados.

La lucha entre el bien y el mal, encarnada por Ray y Kylo Ren (Adam Driver), es una especie de repetición de la pelea entre Luke y Darth Vader, aunque Kylo Ren no es ni la quinta parte del villano que fue su abuelo, es más bien un desquiciado -en toda la extensión de la palabra- que se ve en una posición de poder y no tiene idea qué hacer de ella porque no tiene la más remota idea de quién es él.

Kylo Ren es, después de todo, Ben Solo, hijo de Han Solo y de Leia Organa (aunque su apellido original es Skywalker), sobrino de Luke, pero al mismo tiempo nieto de Darth Vader y en eso radica todo el problema: ¿cuál es su legado? ¿el del renegado del padre? ¿el héroe por accidente de su tío? ¿o gobernar a la galaxia con puño de hierro como su abuelo?.. y en eso de le va, quizá por ello conocemos su rostro desde el primer capítulo a diferencia de Darth Vader, cuya cara conocimos hasta los últimos minutos del tercer episodio de la primera trilogía.

Al salir del cine, bastante animado por el show que acababa de ver, me di cuenta que Disney logró darle nueva vida a Star Wars -después de que su creador casi la acabara con los episodios i,ii yiii-, no tanta como las primeras tres -episodios iv, v y vi- pero como ya vimos, eso es imposible.

Si bien estas películas están muy dirigidas a un público nuevo (que quizá no haya visto las primeras seis películas), hay mucho en esta entrega para entretener y apelar al corazón de los más veteranos entre sus seguidores, hay muchos, muchos guiños a la primera trilogía sin que esto demerite la trama o la acción. Hay, eso sí, una nueva saturación de personajes nuevos que quizá luego veamos en sus propias películas o miniseries.

En fin, que la película me gustó, me pareció la mejor de las tres dirigidas por JJ Abrams, obviamente mucho mucho mejores que los primeros tres episodios y apenas se quedan cortas de los episodios iv al vi. Me quedo, sin embargo, con la respuesta que me dio mi sobrina cuando le pregunté qué era lo que más le había gustado de la película, sin pensarlo respondió: “Ray”.

Una heroína para un nuevo milenio… ¡bien por Disney!