Midway (2019)

Hace muchos muchos años, alguien tuvo la genial idea de hacer una película que narrara los sucesos de la batalla de Midway, la primera victoria norteamericana en la Segunda Guerra Mundial. La dirigió Jack Smight y se estrenó en 1976, para los estándares contemporáneos es un buen esfuerzo, pero tiene muy poca calidad.

En Midway (1972) de Smight, se usan muchas secuencias reales, lo mismo películas de los aviones en combate real y algunas tomas del documental -ese sí muy bueno- de John Ford, que se llama The Battle of Midway (1942). Por cierto, este documental está en Neflix junto con Five Came Back (2014), el documental sobre los documentales de la Segunda Guerra Mundial.

Esta nueva película retoma la forma de contar las historias de guerra desde la perspectiva americana y también la de sus enemigos. Se me figuró una especie de homenaje a Tora! Tora! Tora! (1970) The Longest Day (1962) y varias por el estilo donde el papel del enemigo es tan importante como el propio (es decir, el gringo) sin llegar al protagonismo total de Letters from Iwo Jima (2006).

Por ser como soy, conozco no solo la Guerra en el Pacífico sino batallas como la de Coral Sea y Midway con algo de detalle, por lo que me hubiera gustado ver más la encrucijada que tuvo Nagumo, uno de los capitanes japoneses entre lanzar un ataque a la base aérea en Midway o contra los recién detectados portaaviones americanos, decisión que al final es crucial para la batalla y a la larga, para la guerra.

Pero así como eso no se aborda con detalle, como tampoco se hace en la total inexperiencia de los pilotos americanos, sí se le dedica el tiempo y el detalle al crucial papel que jugaron los que descifraron los códigos japoneses así como al carácter de capitales y almirantes como Nimitz y el mismo Yamamoto.

Así como en las películas clásicas, donde la gran perspectiva se da a través de los generales en los cuarteles, que explican de qué va la guerra, se incluye la visión del soldado común, en este caso del piloto de los SBD, bombarderos en picada americanos, así como de los torpederos (de estos menos, porque fueron en la batalla un total fracaso).

Casi todos los que aparecen en la película existieron y los hechos en que participaron están adecuadamente descritos, incluyendo el que, después de volar tres horas y media, eludir aviones japoneses y la artillería anti aérea, la bomba -la única que llevaban- sea eludida por el barco enemigo y se tengan que regresar sin nada qué contar.

Las maniobras de los aviones están exageradas, igual que la intensidad del fuego antiaéreo o lo que puede hacer o no un avión, pero no se trata de una película que busque están correcta al detalle como las de Spielberg. Ronald Emmerich buscó contar una historia y hacerlo bien, hacerla emocionante tipo Avengers y lo logró con escenas de acción emocionantes… y le quita el peso al espectador de mostrar de forma muy gráfica lo que el metal le hace al cuerpo humano.

Ed Skrein, por cierto, quien interpreta a Dick Best, lo hace extraordinariamente bien, dejando bien bien claro cómo puede un ser humano transformarse cuando tiene una gran responsabilidad -ineludible- sobre sus hombros. Las actuaciones de Woody Harrelson, Dennis Quaid, Patrick Wilson y Aaron Eckhart están a la altura.

Quizá el único problema que le veo a la película -que está muy entretenida- es que vuelven a contar (como en Pearl Harbour (2001)) la historia de Jimmy Doolittle y su bombardeo a Tokio, el cual no cuentan completo -como en Pearl Harbour– y no aporta a la película… si hicieran una película de esta misión, creo que estaría harto interesante.

Es una buena película, la calificaría de Palomera si es que no fuera de hechos de la vida real, pero en su manufactura encuentro mucho de Star Wars y Avengers, las partes de acción sobre todo, eso y la falta de escenas grotescas hacen que no me atreva a decir que es tal cual, una película de guerra. Anímense, está buena.