Rendirse ante el narco

El Secretario de Seguridad comenzó la semana diciendo que estábamos viviendo un punto de inflexión en la violencia que vivimos en México. Dicen que en política. como en comedia, lo más importante es el timing, apenas festejaba su declaración cuando en una emboscada morían 15 policías a manos de delincuentes.

No terminaban de averiguar qué significa ‘inflexión’, cuando en un enfrentamiento con el ejército, los narcos lograron matar a un soldado, a cambio de 13 bajas. Este dato es importante, porque en enfrentamientos entre los narcos y el ejército, los resultados solían ser abrumadores a favor de los nuestros.

Para terminar la semana, se capturó al hijo del Chapo, los narcos desataron un infierno en Culiacán, como ya se había hecho en Guadalajara y Monterrey hace algunos años, pero ahora decidieron liberar al narco capturado. No se fugó, el Estado lo dejó ir.

“Somete Chapito a la 4T” tituló el diario Reforma al día siguiente, poniéndole política al asunto cuando, como dice Gabriel Guerra Castellanos, el enemigo es el narco. Milenio Diario da cuenta, un poco más acertadamente, que fue la nueva Guardia Nacional la que fue traicionada, por decir lo menos. Ellos habían ‘hecho un Homero’ al capturar al narco (porque no iban a buscarlo, se lo encontraron) y les ordenaron dejarlo ir.

A la par de todo esto está la justificación: para evitar una masacre (“salvaguardar a la población” es el dicho oficial). Loable. Pero hasta La Jornada -que alberga algunos de los editorialistas que están convencidos de la infalibilidad del Presidente- lo critica. Así de mal.

Circula por México (ayer por Culiacán) una Pickup con una Browning de 50 milímetros, así de manera impune. Circularon ayer también muchos videos de las balaceras, y otros tantos que -por ignorancia a veces y por maldad otras- reproducían escenas en Iraq o peor, de alguna película, que se hacía pasar por la violencia en Culiacán.

La respuesta del gobierno local fue salir a dar la cara y decir “no sabemos nada”. El gobierno federal fue peor, dijeron que al siguiente día se iban a reunir, el Presidente se fue a Oaxaca y el Secretario de Seguridad declaró a un medio que habían soltado al narco para pacificar la ciudad.

Sonia Cuevas me contestó un mensaje acusándome de desear una masacre. No dudo que haya quienes desean una masacre para llenarse la boca atacando a López Obrador, quien la evitó rindiéndose ante el narco.

Pero insisto, Gabriel Guerra tiene razón, el enemigo es el narco. “El fin último de un gobierno es buscar la felicidad de la gente” dice el Presidente y sí, en Culiacán falló miserablemente (y no me refiero al soltar a Ovidio Guzmán sino a que se le hizo bolas el engrudo en esa ciudad que al menor ayer le entregó al narco).

En medio de esta derrota el Presidente comenzó su conferencia de prensa hablando de una gira en Oaxaca, salió con un bastón de mando en la mano, haciéndose responsable -supongo- de su mandato. La comunicación, en la que este gobierno ha sido excelso, en Culiacán fue derrotado… el silencio fue llenado toda la noche con gran cantidad de cosas, sin explicaciones, con un gran vacío de información.