La colección de cosas inútiles

Las últimas semanas las he dedicado a un par de modelos de armar, curiosamente ambas de tanques rusos, de cuya afición luego les cuento, como también les contaré ya luego de este asunto de los modelos de armar que es toda una industria porque hay aficionados mucho muy clavados.

El asunto es que al terminar de ensamblarlos y pintarlos (asunto que, gracias a YouTube, entendí que implican todo un arte), se convierten en juguetes mucho muy frágiles y bastante inútiles porque pues son no son exactamente juguetes, no son exactamente piezas decorativas, es un poco como los rompecabezas, donde la experiencia es armarlo y una vez que se armó no se sabe bien qué hacer con él.

Cuando tenía siete años era muy fácil porque ni los armaba tan bien ni los pintaba de forma tan detallada, así que los ponía a buen uso y todos terminaron bastante mucho muy maltratados.

Un par de aviones de mi infancia, bastante maltratados y rotos. Los fotografié para un proyecto que llamé Battered Toys Project.

Hace un par de meses platicaba con Eduardo Venegas -chela y hamburguesa de por medio- sobre algunas cosas inútiles que uno de pronto compra y no sabemos por qué. En estos momentos, por ejemplo, estoy coleccionando las historietas de Astérix el Galo y los carritos de Fórmula 1 de Panini, él me contó de unos muñqeuitos que no tienen utilidad alguna.

Al comenzar a comprar las historietas de Astérix (vienen en pasta dura) noté varias cosas que se venden en los puestos de periódicos y ahora con el e-commerce le pueden llegar a uno a su hogar si los pide y paga por internet.

Encontré una colección de Tanques de Guerra y pensé que la iba a comprar toda, son pequeñas miniaturas como de 14 centímetros de largo, por 79 pesos me hice del primer fasciculo y el juguete; la editorial Planeta de Agostini logró con el precio que me hiciera de un Panzer Tiger II de 1944… pero como estoy armando carros de combate rusos no le vi el caso, en primer lugar, y en segundo, por el precio que para las de más entregas, se triplica.

De la colección Carros de Combate de Planeta de Agostini no pienzo adquirir ni uno más (en parte porque armo los modelos de Tamiya y Rebell).

También me llamó la atención, de esta misma editorial, los muñecos de acción de las películas de Marvel, que son toda una ridiculez.

Planeta de Agostini tiene varias colecciones curiosas: Grandes Autos Memorables (desde el Vocho de 1968 hasta un Renault 5 Mirage de 1979), Cascos de Colección de Star Wars (supongo que el de Darth Vader y Boba Fett me pudieron interesar), Bustos de Marvel (Spider-Man se vería fatal en cualquier escritorio); en tanto a Salvat -a quienes estoy comprando los Astérix- me pudieron además vender Aviones de Combate (me llamó la atención el Sukhoi Su-27 pero me aguanté) y Supercars (aunque de los superautos no me atrae ninguno).

Lo que comentaba con Eduardo es que cada uno tiene su perdición y para mí lo fueron los autos de Fórmula 1 de Panini. Ellos tienen las figuras clásicas de Marvel (supongo que Ironman es el más exitoso entre niños de siete); las figuras de los Supercampeones, todas las motos de Valentino Rossi, autos de Maserati (nunca fui fan), Taxis del Mundo (a alguien le interesara tener un pequeño Toyota Crown del 95)… y la de Fórmula 1 a la que no me pude resistir del todo.

Uno de los primeros de esta colección, el McLaren de Alain Prost (con el logo viejo de la Fórmula 1).

Y es que puede que no me interese el Honda RA300 con el que John Surtees compitiera en 1967, pero sí el Ferrari 312 T2 que usó Gilles Villenueve en 1977 y el Lotus 25 de Jim Clark, así como el Williams FW14B con el cual Nigel Mansell por fin en 1992 pudo coronarse campeón del mundo.

El asunto es que no tengo dónde ponerlos y obvio, ya no juego con ellos. Sé que voy a terminar con un montón de carritos que no puedo exhibir de un jalón así que la única solución que les veo es almacenarnos y cada que me acuerdo (15 días más o menos) pongo en mi juguetero dos distintos… que pueden ser dos McLaren, uno de Graham Hill y otro de Damon Hill, un par usados por Niki Lauda o tres Ferrari.

Al final, no sé por qué los compro ya que no tienen ninguna utilidad.