Amoureux de ma femme (2018)

Elegí este fin de semana para postear sobre esta película francesa porque cada día entiendo más a Bill Maher cuando dice que “ni los cómics son buena literatura -no son literatura- ni las películas de personajes de cómics son buen cine- así que ¿por qué no escribo un poco del cinéma français?

Lo otro, de lo cual he escrito mucho y seguiré escribiendo son películas palomeras. La verdad es que a últimas fechas prefiero las historietas… y claro, si me han leído estos días ando animado con los BD françaises.

Y como se trataba de salir de lo convencional, fuimos al Cinemex que pusieron en Artz (sí, la plaza ‘que se cae’) en lugar del Cinépolis que hasta la fecha en que vi Amoureux de ma femme era la única opción en mi corazón.

La película en cuestión es Enamorado de mi Mujer, del año pasado, una comedia adaptada de una obra de Florian Zeller por… él mismo, que hizo un guión entregado a Daniel Auteuil para que dirigiera a… él mismo, Gérard Depardieu, Sandrine Kiberlain y a Adriana Ugarte.

En este punto tengo que confesar que no veo mucho cinéma français, pero las tres últimas comedias galas que he visto están a la altura del humor que le he conocido a los franceses, con tramas originales, no muy enredadas, pero en esta en especial se cuenta de forma tan ambigua y poco clara, que pronto el espectador no sabe qué es lo que pasa… o en dónde está pasando lo que está pasando si es que está pasando… con risas de por medio (algunas de las cuales serán de nervios, claro está).

La trama es mucho muy sencilla: Daniel (Daniel Auteuil, que dirige y actúa) es un editor exitoso -a quien uno de sus escritores ha regalado un whisky que es una maravilla- se encuentra a su amigo Patrick (Depardieu) en la calle y lo invita a cenar… situación algo incómoda porque Patrick acaba de acabar la relación con una amiga entrañable de Isabelle (Sandrine Kiberlain), la esposa de Daniel.

Patrick va a la cena con su nueva pareja, Emma (la muy española Adriana Ugarte), que es como 97 años más jóven que él. Esto causa gran irritación en Isabelle y un completo desequilibrio en Daniel, quien queda prendido total y absolutamente prendido de ella (y sí, Emma está muy guapa y todo… pero llega un momento en que Daniel está dispuesto a tan absolutamente a todo que la verdad Emma no está tan buena).

Todo, obviamente, en la presencia -aterrada, desilusionada y sacada de onda- de la esposa.

A uno lo van llevando de fantasía en fantasía, de límite a límite, de desprendimiento en desprendimiento… además pasando por escenarios como Venecia e Ibiza (en realidad solo esos dos, porque todos viven en París, pero como que se les hace normal) y en ese ir atreviéndose a cada vez más uno se da cuenta de lo que puede llegar a hacer un hombre cuando piensa con el pito.

Florian Zeller además se luce con un muy buen final, tan bueno como la idea de poner varias opciones de comida, bebidas (incluyendo Champagne) en el cine, para que uno meta a la sala lo que a uno se le antoje, incluyendo un batido del Starbucks (porque el café es malo, pero las malteadas de café no tanto).