Stan & Ollie (2018)

Los sábados en la mañana la televisión estatal (Canal 13) los llenaba con programación anticuada, que no costara mucho al erario en los años 80 en que el Gobierno Federal casi quiebra al país. Gracias a ello mi generación -los que ya estábamos despiertos a las 8- podíamos ver antiquísimas caricaturas como Clutch Cargo (1959-60), El Rey Leonardo (1960-63) y los cortos en blanco y negro de Harold Lloyd y Laurel and Hardy, conocidos en México como ‘El Gordo y el Flaco’.

Hace poco en una charla con Víctor Galván caí en cuenta que los cómicos actuales -sobre todo los standuperos mexicanos- rara vez me arrancan una sonrisa porque crecí viendo los monólogos de Jay Leno, David Letterman y la comedia de Jim Belushi y Dana Carvey (entre otros), pero viendo esta película, Stan & Ollie, me acordé que antes de estos cómicos vi a los verdaderos gigantes de la comedia: Charlie Chaplin, Stan Laurel, Oliver Hardy y Harold Lloyd. Desde ese punto de vista vi esa película.

La película la dirige Jon S. Baird y trata de la última gira que hicieron los cómicos ingleses, Stan Laurel y Oliver Hardy hicieron por Inglaterra luego de varios años de vivir en Hollywood. Como este tipo de comedia no es parte de nuestra cultura (Chespirito trató toda su carrera de emularlos), pasó de largo por las salas comerciales en México.

La película trata los últimos días de la pareja cómica trabajando junta, durante una gira que hicieron por las islas británicas después de haber estado separados por varios años (un productor de cine había firmado con ambos, pero el contrato de Oliver Hardy duraba más, por lo que este hizo una película sin Stan).

En la gira por algunos pequeños teatros de Inglaterra, el dueto interpretaba alguno de los sketches que los hicieron famosos desde la época del cine mudo, uno de ellos una obra maestra de timing (que el timing lo es todo en la comedia, como se dijo en A Good Year (2006)).

Steve Coogan hace un muy buen trabajo al interpretar a Stan Laurel, uno de los íconos del cine mundial, mil veces imitado y quizá ayudara que sus gags y expresiones las hemos visto durante un siglo entero como para estudiarlas bien e interpretarlas. Por su parte, John C. Reilly fue caracterizado como Oliver Hardy casi a la perfección y hace una interpretación que, para quienes hemos visto cienes y cienes de veces a Ollie, simplemente nos conquista.

La película me gustó porque no trata de estos dos cómicos en la cumbre de su popularidad sino en el ocaso de ella (por lo que uno debe conocer la historia para completamente disfrutarla, algo así como en A Man on the Moon (1999) que es incomprensible si uno no conocía el genio de Andy Kaufman), y se añade el asunto de las esposas, interpretadas por Shirley Henderson y Nina Ariadna, que son como la extensión de la pareja cómica pero con un tinte detestable.

Hay un par de sketches que valen la película, pero si no conocen la historia de estos dos, lo mejor es que no se acerquen, aunque sería bueno que fuera su primer paso a uno de los grandes tesoros de la comedia cinematográfica.