Cirque du Soleil: Séptimo Día

Debo hacer memoria, pero así de botepronto, la última vez que había ido al Palacio de los Deportes debió haber sido para ver el último concierto de Soda Stereo. Hace no sé cuántas décadas.

Fui al estreno de esta puesta en escena del Cirque du Soleil. Conocí -como muchos en México- a esta propuesta de circo canadiense en los Juegos Olímpicos de Calgary en 1988 y el primer show que vi de ellos fue en 2005 (Saltimbanco). Sin ser seguidor o admirador de ellos, me he visto presenciando más shows que los que he querido ver, incluso algunos spinoff, el muy desafotrunado Cavalia y el mejor de todos: Slava’s Snowshow (que este más que spinoff es la obra de un genio ruso).

El asunto es que quería ver lo que nos canadienses harían con la música de Soda Stereo.

Obvio algo se le mueve a uno cuando entre el público están Zeta Bosio y Charly Alberti (que, en definición de Joaquín Sabina, los grupos son ‘un cantautor y dos más’… Zeta y Charly eran los dos más en Soda).

El show es el más sencillo que he visto del circo, sin grandes maquillajes, sin un escenario espectacular e incluso las piruetas y acrobacias son… no sé si limitadas sea la palabra, pero incluso Saltinbanco de hace 12 años era mucho más espectacular.

Aún así me atrevo a decir que es el mejor espectáculo del Cirque du Soleil que he visto, pero por lo mismo que soy fanático de Soda, no pueden tomar el comentario como objetivo porque no lo soy ni pretendo serlo. Es el mejor show porque ha respetado los altos decibeles de la música de Soda Stereo en vivo, siempre a punto de la distorsión, siempre a una rayita de la saturación… han utilizado grabaciones de conciertos en vivo, haciendo uso extensivo de las larguísimas intros que siempre, siempre utilizaron en sus conciertos en vivo, donde solo los muy muy muy fanáticos sabían de qué se trataba cinco minutos antes que todos los demás.

Y claro, canciones como Mi Novia Tiene Bíceps… no solo los grandes éxitos, sino guiño a lo que les hacía un grupo tan divertido de seguir.

Pero además se han agarrado de la imaginación… que se me hizo de un toque latinoamericano sin igual. Si no tienen lo espectacular de un teatro como los de Las Vegas, hacen en varios números un desparrame imaginativo que es de envidia. Lo sencillo, por ejemplo, de Sobredosis de TV, vale el boleto de casi 100 dólares.

A veces el show se torna muy obvio, como el ejecutar Hombre Al Agua dentro de una pecera, pero de tan obvio y tan simple que uno aplaude y aplaude… como en todas las canciones que uno aplaudió y aplaudió lo mismo en el Hotel de México, la cancha de la UVM de Lomas Verdes, el Palacio de los Deportes y aquél espantoso, horrible, Auditorio Nacional.

Es el mejor show del Cirque du Soleil y lo digo desde donde estoy parado, porque tengo los long play en vinilo de Soda Stereo, Nada Personal, Signos, Doble Vida… y los demás en CD. No les puedo hablar desde otro punto de vista, si no son fans del grupo, no sé si les podrá gustar o no…. pero les puedo decir que fui a ver Michael Jackson One, sin ser ni de lejos fan del pederasta y me encantó por el aspecto técnico del show… Séptimo Día adolece de eso, pero tiene mucha imaginación.