The Kid

Los que programaron el algoritmo de Google para hacer recomendaciones, merecen un gran aplauso porque el aparato me recomendó comprar The Kid, The inmortal Life of Ted Williams, un libro de Ben Bradlee Jr.

Y resulta que Ben Bradlee Jr. es uno de los protagonistas en Spotlight, o bueno, es uno de los personajes en que se basó la película que describe como un grupo de periodistas descubrieron la red de pederastía de la iglesia católica en Boston (algo así como los Legionarios de Cristo en México, sólo que aquí se lanzó a las llamas al maldito enfermo de Maciel y no a todos los que le ayudaban).

En fin, el periodista, Ben Bradlee Jr, dedicó diez años de su vida a escribir de uno de los grandes personajes de Boston: Ted Williams. Como fan de los Red Sox, el equipo de beisbol de la ciudad, había escuchado y leído del ‘más grande bateador que ha existido’ y anécdotas como la de que, en el último turno al bat conectó un home run.

El libro, de 855 páginas, está extraordinario (pero muy largo, por eso no les he escrito reseñas de nada más). Trata sobre la comunidad latina en California de donde es originario Williams (de hecho es de origen mexicano), trata de la discriminación en Estados Unidos, de lo poco ético del periodismo deportivo que dejaba en los años 30-40 que el equipo al que cubrían les pagara viajes, comidas y bebidas… de cómo funcionaba el beisbol como negocio… y de Ted Williams.

Ted Williams se llevaba del asco con la prensa, por lo que el público tenía una noción rara de él, que era un mal tipo, pero los testimonios de quien lo conocieron realmente hablan de un sujeto bondadoso y desprendido (curiosamente a Joe DiMaggio tenia muy buena prensa y al parecer era un tipo desagradable).

Con una infancia infeliz, descuidado por sus padres; encontró un refugio en el beisbol y se propuso ser el mejor bateador de la historia. En lo mejor de su carrera fue llamado a la Segunda Guerra Mundial pero nunca salió de Estados Unidos y su carrera nuevamente fue interrumpida porque lo llamaron para la Guerra de Corea (donde, como piloto, vio acción en combate) si no, quizá tendría muchos récords vigentes. De hecho, desde 1941, nadie ha bateado más de .400 (él bateó .406), esto es, que de cada diez veces que tuvo un turno al bat, en cuatro pegó de hit.

El tipo era una maraña de sentimientos encontrados, porque si bien podía dedicarle horas a un niño desconocido enfermo de cáncer o tratar a cualquier barrendero con el mismo respeto que al dueño de los Red Sox, era un patán con las mujeres (a veces) y con quienes él pensaba que hablaban mal de él… eso sí, era muy derecho y honesto con todos.

La compleja personalidad es abordada desde todos los ángulos posibles y al menos yo sentí que acompañé todas estas semanas la vida de Ted Williams. Es un gran, gran libro (no solamente por el tamaño).