Flourish

La primera noción que tuve de la psicología positiva fue al enterarme que Coca-Cola tenía un instituto que estudiaba la felicidad, claro que, al tratarse de una entidad dedicada a vender agua carbonatada con azúcar, pues tuve muchas dudas. Luego supe que los estudios eran serios e incluso me chuté un par de documentales… pero la noción de la happy face como que inspiraba a dudas.

Como parte de mi trabajo, un buen día fui a Monterrey a encontrarme con Héctor Escamilla, Rector se la Universidad TecMilenio y como complemento de la entrevista me regaló este libro. Fue uno de esos momentos en la vida… recuerdo el calor típico de Nuevo León, a nosotros dirigiéndonos a su Smart y como me dio el libro, que yo agradecí profundamente, pero primero comencé a leer The Kid, la historia de Ted Williams, un tabicote de libro que pedí por Amazon.

Pero viajar con un libro como The Kid, que pesa kilo y medio, no es la opción. Otro viaje a Monterrey, mas dos más, uno a Puerto Vallarta y a Detroit fueron la opción para viajar con este libro de Matin Seligman, el padre de la psicología positiva, que comienza su relato hablando de la misteriosa forma en que consiguió los fondos para continuar con su trabajo.

Seligman mismo se aleja de las teorías de la felicidad, de todos esos estudios que nos dicen qué tan felices somos y es claro en ello: los estudios son incompletos y la felicidad (que mucho tiene que ver con el ánimo solamente) es solamente uno de los elementos que deben tomarse en cuenta al medir científicamente el bienestar.

Y pongo en negritas lo de científicamente porque Marty hace ciencia. Respalda todos sus argumentos con datos científicos, con estudios e incluso cuando los datos no respaldan lo que él cree, lo dice, que es muy diferente a las conclusiones empíricas a la que llegan los miles de charlatanes que hay por ahí vendiendo ‘secretos’ para la felicidad. El libro, por cierto, menciona lo links de los estudios, tests y tiene varios anexos con más estudios.

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Marty Seligman, Psicólogo, Jugador de Bridge

Al principio, he de aceptarlo, durante los primeros dos capítulos, Seligman me pareció que estaba tratarme de venderme un placebo, una fórmula para quedarme contento con lo que hay, sin cuestionar, sin avanzar, simplemente existiendo con una felicidad inventada, pero no. El optimismo se puede aprender y ensayar, entendiéndolo como una forma de entender la realidad para construir a futuro.

Hay varias nociones interesantes que se me quedaron más que otras como aquella en que salud (tanto médica como mental) no es la falta de enfermedad solamente y de ahí la gloriosa falla de la medicina y psicologías modernas. Otra es la forma en que medimos la prosperidad de las naciones con el Producto Interno Bruto (PIB)… porque si la población se tira al alcohol, aumenta la venta del mismo y crece el PIB, lo mismo que si hay también depresión y todos comenzamos a entrarle a los ansiolíticos y antidepresivos… crece el PIB.

El libro es una maravilla que si bien da una perspectiva de los nuevos caminos de la psicología y lo que puede lograr (hay una sección dedicada a la resiliencia en oposición al Síndrome de Estrés Postraumático), tiene datos por doquier de cómo ir mejorando la vida del día a día, comenzando con la comunicación con nuestros pares y eso es sin duda lo más valioso de este texto.

Generalmente al final de mis peroratas digo que es recomendable el libro, o qué tipo de personas lo podrían disfrutar, este es de esos textos que todos deberían leer… por su propio bien,