Trump y la democracia

Hartos de las políticas tanto de republicanos como de demócratas, desde hace tiempo mis amigos en Estados Unidos (todos latinos) comunicaron su intención de votar por Donald Trump si quedaba como candidato republicano. A ellos el muro les tiene sin cuidado porque ya están del otro lado de forma legal, lo de las fábricas les afecta porque no hay trabajo y tampoco son musulmanes.

De este lado de la frontera sonaba lógico que el tipo está loco, pero cuando se está sin trabajo o con un trabajo y condiciones de vida de mala calidad y este tipo promete ayudar a mejorarla con ideas que se entienden, es fácil votar por él.

Y todo mundo fuera de Estados Unidos se asustó del que parece un nuevo Adolfo Hitler.

Y sí, a mí me parece que es un Hitler en potencia… pero confío en la democracia norteamericana. Mientras en el resto del continente nos hemos plagado de dictadores, de farsas como la mexicana, de corrupción con la brasileña, allá del otro lado del Río Bravo ningún presidente se ha querido eternizar en el cargo, las elecciones siempre han sido respetadas y su sistema ha funcionado desde la elección de George Washington hasta la de Trump.

Claro, han tenido a cada idiota en el cargo… incluido un tal Gerald Ford, que llegó sin que nadie votara por él (el Vicepresidente de Nixon renunció y él tomó el cargo… y cuando Nixon renunció se topó con que él estaba a cargo)… y aún así cuando quiso ser electo para el cargo la gente lo bateó.

En enero Donald Trump tomará el cargo y el sistema se hará cargo de él. El congreso republicano quizá impida una parálisis como las que tanto promovió el PRI en México y que le tocaron en su tiempo a Clinton, quizá ellos sean los mayores responsables de que el país más poderoso de la tierra no se vaya al carajo y quizá yo sea muy optimista en confiar en ellos.