Life in the fast lane

Desde siempre me ha gustado la Fórmula Uno. Recuerdo cuando viví­a en Boston, me gustaba ponerme los pasamontañas que me recordaban los verdugos de nomex que usaban los pilotos como Niki Lauda y Mario Andretti porque siempre los pilotos son las estrellas del show. Incluso en la caricatura japonesa Grand Prix el héroe era un tal Tony Bronson, piloto de autos de carreras de todo tipo.
Pero ¿se han fijado en toda esa gente que llega a cambiar llantas y poner gasolina cuando el coche entra a pits? En mis tiempos en siete segundos Llenaban el tanque, revisaban los radiadores, cambiaban las cuatro llantas y hasta limpiaban la mica del casco… hoy en menos de tres segundos cambian las cuatro llantas de un F1. ¿Quiénes son esos fulanitos que hacen todo eso tan rápido? ¿Y qué hacen el resto del dí­a? 
Durante mucho tiempo creí que la vida de estos mecánicos de Fórmula Uno era el paraí­so. ¡Imagí­nense, trabajar sólo 16 fines se semana al año y ya! ganan un dineral. Ahí­ es cuando entra este libro de Steve, quien fue mecánico del equipo Benetton de F1 en los años de Michael Schumacher; y no, el mecánico de F1 no sólo no vive en el paraí­so, sino a veces era una verdadera tortura.
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Las tres ediciones de este libro, yo tengo la de la izquierda (paperback) y la de la derecha acaba de aparecer como edición de 20 aniversario.

Matchett cuenta en este libro todo un año, 1994, de su vida como mecánico. Habí­a veces en que el auto necesitaba tantos arreglos que terminando las pruebas en la pista a eso de las dos de la tarde, trabajaba hasta las seis de la mañana, dormí­a dos horas y a las diez estaba nuevamente trabajando en el auto y esto no solamente cuando había carrera sino cuando habí­a que fabricar un nuevo auto en su base en Inglaterra, instalar componentes y cosas del tipo.
También cuenta de los peligros del deporte, como cuando en Alemania la gasolina se regó por todos lados y quedó envuelto en llamas. En su siguiente libro utilizó la foto que le tomaron en medio incendio (con la que ilustro este post).
También tiene su parte divertida de conocer países como Japón, Australia y Brasil, su gente y sus costumbres.  En un pasaje, cuenta que Ayrton Senna pasaba muy lentamente frente al pit de Schumacher, donde él estaba, se levantaba la visera y se les quedaba viendo fijamente “eso me ponía muy nervioso” confiesa.
El libraco es terriblemente entretenido, tanto para los fans de la F1 como para los curiosos. Tiene mil detalles y Steve los cuenta con tal desenfado que resulta entretenidísimos. Es una mirada al corazón mismo de la Fórmula Uno, no a la de los pilotos ni a la del negocio sino a la de los soldados, de la gente que arma los coches, que cambia las llantas en tres segundos, que duerme dos horas y quienes conviven con los pilotos a nivel profesional, no hablando de chicas o marcas de ropa sino de distribución de carga aerodinámica, diámetro de los engranes de las velocidades y esas cosas que pues, es como hablar para ellos de la vida íntima.