The Silver Spitfire

No sé si recuerden que yo tenía el gran propósito de no volver a comprar un libro si antes no terminaba de leer todos mis pendientes, que la verdad son muchos.

Pues dando una vuelta por Londres, caminando sobre Southampton Row, nos encontramos a la librería The Book Warehouse y no pude evitar hacerme de dos libros que dudo pueda conseguir en México. El primero es otra historia sobre Pink Floyd y el segundo fue este, The Silver Spitfire, que creí que eran las aventuras de un piloto inglés durante la Batalla de Inglaterra.

Antes de que cumpliera un año de tener este libro, lo tomé para comenzar a leerlo y de entrada Tom Neil establece el tono de su conversación: él tiene ya más de 90 años, casi no se acuerda de nada y no quería escribir sobre sus andanzas en un Spitfire plateado porque muchas cosas iban a faltar, además de que los involucrados en la historia ya están muertos, por lo que no tiene a quién preguntarle nada y sentía que era injusto que no le pudieran desmentir si se equivocaba u omitía algo.

Así pues, tomé la lectura como si me la contara un viejito que tiene millones de historias qué contar y yo no he escuchado ninguna.

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El libro no es un libro de guerra, se sitúa en ella por necesidad. Tom Neil es un héroe de la Batalla de Inglaterra, pero en este libro no habla de batallas aéreas ni nada por el estilo sino de las aventuras que tuvo cuando le asignaron ser el enlace entre la Real Fuerza Aérea (RAF) y la Fuerza Aérea Norteamericana, en donde terminó en la conocida 100th Fighter Wing.

El caso es que los norteamericanos le tenían un respeto desmedido a Neil porque, después de todo, él ya había peleado en la guerra, había derribado aviones alemanes y los americanos querían hacerse de ese conocimiento. Por el otro lado, la Real Fuerza Aérea lo creyó muy bien con los americanos y lo dejaron en paz… en conclusión, Tom Neil se mandaba solo y hacía básicamente lo que se le pegaba la gana (sin dejar nunca de ayudar a los aliados, claro).

Las aventuras van desde los personajes que se encuentra, lo raro que a él le parece que hablan hasta la anécdota del Spitfire que alguien dejó abandonado -sin documentación- en un aeródromo francés. Tom vio el avión, lo mandó reparar, lo voló y para no meterse en problemas le quitó las identificaciones y la pintura, dejándolo como el único Spitfire plateado en la guerra.

“De lo que pasó después no me acuerdo”, “y luego llegó un coronel cuyo nombre se me ha olvidado”, “no sé qué pasó durante la siguiente semana pero mi bitácora dice que volé mucho”… citas como esas son comunes en el libro, de un viejito que se me antoja encantador y cuyo libro devoré por lo entretenido que está, con todo y su historia de amor (con la mujer con la que sigue casado).