Sabrás qué hacer conmigo (2016)

Hace mucho, mucho tiempo, cuando estudiaba la universidad, uno de mis compañeros llegó muy ufano anunciando el fin del cine de efectos especiales y grandes presupuestos; había visto La insoportable levedad del ser (1988) y creyó que por ahí iba la jugada. Con 11 millones de dólares en taquilla, obviamente esto no sucedió.

Cuando una película como Sabrás qué hacer conmigo compite en cartelera contra X-Men: Apocalipsis y la otra de Tim Burton debe tener de respando… la ley que obliga a los exhibidores a poner una película mexicana no importa que sea una basofia, pero si se quiere quedar ahí necesita tener al menos una buena historia para sostenerse.

La película es de Katia Medina Mora, con un guión de ella misma acompañada de Emma Bertrán y Samara Ibrahim. Protagonizan Ilse Salas y Pablo Derqui en una producción que entiendo es más mexicana, pero trae también capital español. Se trata de una historia de amor (porque no hay cómo llamarla) entre un fotógrafo y una chica que no sabemos en qué trabaja pero a quien al inicio de la película nos muestran en una oficina trabajando.

La trama es muy sencilla: un fotógrafo que padece de epilepsia y una chica que se encarga -como puede- de su madre adicta se enamoran. Cada uno va cargando sus demonios, uno dominado por la enfermedad (que él ha decidido que es suficiente para alejarlo de cualquier relación) y ella por no haber superado su propio set de pérdidas.

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Hace mucho, mucho tiempo, con mis amigos de la secundaria planéabamos escribir una novela y lo primero que acordamos fue ‘que no tenga un final feliz’ y al día de hoy me siguen gustando las películas cuyo final no es el obvio en donde triunfa el amor ‘y viven felices para siempre’ como lo son todas las comedias románticas (y quizá les venga en ello lo de ‘comedias’). Esta película va directito a ello, a la obviedad de cómo acaba una de estas historias… pues con la pareja junta siendo feliz ¿no?

Y no es que sea una historia lineal -que sí predecible- porque Katia Medina Mora se avienta la puntada de contar la primera parte de la historia desde el punto de vista de cada uno de los protagonistas, para que tengamos la foto completa… tan completa que en cada una de las historias faltan los detalles de la otra historia, como en realidad son las historias. Y únicamente cuando termina de contar ambas historias es que se anima a contar la historia de los dos.

El guión se ve predecible para uno que sabe tres cosas de la epilepsia, pero siempre que surge por ahí la duda de ‘pues es obvio que va a ocurrir’ lo siguiente es ¿se atreverá? ¿se atreverán con un guión así? (el protagonista, el epiléptico, es amante del buceo). Y al final no es que uno no tenga un final feliz, tampoco uno donde ‘ganen los malos’ porque los ‘malos’ son aquí los demonios de cada personaje… y ni siquiera es una tragedia lo que esta película ofrece sino un final inteligente.

Y la neta, necesitamos más de esos de vez el vez.

Y los ojotes de Ilse Salas. Como que vale la película nomás ese par.