Batman Dead White

Yo crecí con Batman.

Así de simple y sencillo.

No el Batman que conocemos ahora, sino aquél del programa de televisión donde salía Adam West como el encapuchado,  ‘el Batman de la pancita’, como se le conoce ahora. Sí, era ridículo, pero para un niño de cuatro años que aprendía a conocer el mundo en Waltham, Massachussets, servía bastante bien.

Tení­a mi mascarita azul de Batman y en el ki­nder (esto ya lo he contado varias veces) me la pasaba dibujando a crayola aventuras de Batman y Robin contra el Dr. Frí­o. Era un héroe bastante jovial… llegué a comprar… no, perdón, me llegaron a comprar el Batimóbil clásico de la serie de televisión y uno que otro cómic y el tono era el mismo, alegre.

Luego conocí a una ingrata que, entre las cosas que me dejó cuando me dejó fue precisamente la nueva versión del personaje. Corrí­an los primeros años de los años 80 cuando Dennis O’Neal se hizo cargo de la edición de las historietas de Batman para DC Comics y lo volvió un personaje oscuro, amargado, obsesionado … y salvó a la franquicia aumentando las ventas de historietas de manera exponencial.

BatmanDeadWhite02

Claro, yo siempre fui más del Hombre-Araña.

En fin, que, como también les he contado, algún dí­a mi papá llegó de Alemania (me parece) y en el aeropuerto se habí­a topado con una novela del Hombre-Araña, no un cómic, no una novela gráfica sino un libro, una novela. Bastante buena, debo añadir y desde entonces ando por el mundo buscando las pocas novelas que se publican de personajes de cómics y he encontrado algunas, la gran mayoría de Marvel.

Pero hace como un año, más o menos (más menos que mas), me topé en Amazon con una novela titulada Batman, Dead White, de un tal John Shirley (que tiene carrera escribiendo de cosas extrañas, onda terror. Era el primer libro, la primera novela que encontré de Batman y no pude resistir, de inmediato la compré… obvio, la novela estuvo esperando en mi buró a que terminara de leer un montón de cosas, pero fue una delicia.

Okey, admito que me estoy convirtiendo en un lector de best-sellers (y este ni siquiera lo es), pero si me entretienen pues hacen su trabajo muy bien.

El libro está situado en los primeros dos años de existencia de Batman, cuando acaba de decidir convertirse en lo que es (serí­a, más o menos, poco después de la película Batman Begins, si quisiéramos ponerlo en esa continuidad). Nuevamente, el poder adentrarnos en los pensamientos de este personaje es lo que hace atractiva a la novela; hay un pasaje que en especial disfrute cuando bailando con una chica, Bruce Wayne comienza a imaginar cómo sería si fuera un tipo normal, salir con la chica, invitarla al cine, andar noviando, casarse… pero todo eso interrumpe su ‘trabajo’ con Batman.

Otro detalle es la concentración, cómo un personaje que se viste de murciélago le hace para concentrarse y poder pelearse con seis tipos armados a la vez (y aquí­ uno puede ver que el tipo raya en lo loco).

BatmanDeadWhite03

La trama de la novela puede ser contada de manera simplista, Batman persigue a una banda de maleantes que están introduciendo a Ciudad Gótica armas de alto calibre (de un nuevo tipo) y esto lo lleva hasta una secta fascista que busca cometer atentados contra el Pentágono, la Casa Blanca y el Capitolio, dirigidos por un personaje ‘de esos’ que pululan en Estados Unidos- racista, fanático, antisemita, llamado White Eyes.

Las subtramas tratan de un expolicí­a de Ciudad Gótica, Cormac Sullivan, quien anda buscando a su hijo, que ha caí­do presa de las nuevas drogas con las cuales White Eyes financia su guerra; también está la lucha interna de Bruce Wayne por encontrar un balance que lo ayude en su ‘misión’, porque el objetivo último es que Wayne sea sólo una máscara para Batman (que es parte del encanto del personaje).

EL autor, John Shirley, tuvo la habilidad de no dejarse seducir por el Batman de O’Neil (alguna vez le contaron que, a lo largo de un año, en las historietas, el personaje sonrió sólo en tres ocasiones) y mucho menos por aquél simpático personaje personificado por Adam West. Shirley logró la combinación del obsesivo, lleno de dudas, de distracciones y le agrega un toque de humor… porque en la historieta (en los mejores momentos, claro) de repente cansa ver que el único que tiene sentido del humor es Alfred, el mayordomo.

Sin pretender nada más que entretenerme es que leo este tipo de libros, que logran muy bien su cometido, pero también exploran los límites de un personaje creado hace más de medio siglo y que sigue dando para más, no solamente en cine sino en medios tan tradicionales como los libros impresos (no hay versión Kindle). No me atrevería a recomendarlo abiertamente, pero si por algún motivo se han interesado por el personaje, es una lectura muy satisfactoria.