Coca-Cola Zero (Washington D.C.)

“Al rato paso por la Coca”, pensaba mientras el camión ponía rumbo a Petersburg y yo iba con una botella de agua en la mochila, porque hasta esa hora solamente había tomado café y antes de desayunar no solamente es poco sano sino triste, tomarse una Coca-Cola.

A veces puedo ir feliz por la vida del otro lado del mundo y no acordarme de esta tontería de hacer ‘catas’ de refrescos locales (preferentemente Coca-Cola) pero en cuanto me acuerdo se me convierte en una obsesión que solo algunas veces la vending mashine de los hoteles me resuelve (porque la norma es que tengan botellas de plástico en lugar de latas, que no me gustan).

En una CV Pharmacy me pude hacer de un par de cosas que luego les platico, pero lo que caté ‘en forma’ fue una Coca-Cola Zero que la muy amable azafata de United Airlines me dio.

La Coca-Cola Zero norteamericana (en un vuelo de Washington DC a la Ciudad de México) resultó que sabe muy poco a Coca-Cola, diría yo que hasta está diluida porque por más que le echaba unos tragotes no empalaga. Lo mismo con el gas y lo poco que duran las burbujas. Esas notas a jarabe que mucha gente le encuentra a los refrescos con cero calorías, también estaban ausentes.

El tamaño nuevamente es de 355 mililitros que no tienen azúcar ni calorías, pero sí un muy lindo 2% de sodio (40 miligramos por lata).

Lo más bonito de esta Coca-Cola Zero son los 34 miligramos de cafeína.