Show your work!

Hace poco conocí a Arturo Rivera, uno de esos pintores de la vieja escuela. Su trabajo me impactó desde la primera vez que lo vi y es de esos artistas que me han logrado hipnotizar, conmover (que según él, es lo que debe hacer la obra: conmover). Cuando llegamos a su estudio, en la parte más alta de su casa, le pregunté por su obra terminada ¿cómo la guarda? ¿cómo la cuida?

La pregunta era por los líos que he tenido al guardar mis cuadros. Rivera se me quedó viendo como si le hubiera preguntado en dónde se sentaba la musa cuando él pintaba. Luego de dos segundos me respondió: “cuando acabo una obra se convierte en producto”.

Fue la última de una serie de lecciones que recibí ese día: la primera fue cuando me hizo consciente que un artista se tiene que exponer.

Y ahí me tienen que voy a Washington DC y en esta ciudad si uno no va a la National Gallery of Art pues… (hago caras) y como tenía muy poco tiempo me metí primero a ver a los impresionistas. Después de recorrer las salas que elegí con mucho, pero mucho cuidado, fui a la tienda del museo porque siempre he pensado en las tiendas del museo como el postre luego de un gran banquete.

Cuando vi el título (ayuda el amarillo de la portada) de Show your work! no pude evitar tomarlo, comprarlo y en el vuelo de regreso leerlo (literalmente en una sentada, claro, está editado muy a la fuerza para ser gruesesito porque si nos quedáramos con las páginas escritas sería la mitad de delgado).

El libro está cerca de la frontera de los de superación personal, de ventas y todas esas cosas. Ya había visto en las recomendaciones Steal like an Artist, también de Austin Kleon, y no le había hecho caso porque pensé que era como esos libros de ‘Cómo ser el más mejor vendedor del mundo’ pero al sentarme a leer dejé todo prejuicio detrás y dije: a ver qué tiene este tipo que decirme. Y fueron muchas cosas.

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Las lecciones de Austin son simples, suenan casi a sentido común, como les digo… casi raya en Paulo Cohelo o peor, en Carlos Cuauhtémoc Sánchez pero hay mucho más en las lecciones que, en principio, muchas vienen de libros o citas sueltas de grandes artistas (de hecho recomienda siempre dar crédito a las personas en quien nos inspiramos o a quien robamos ideas).

La lectura está entretenida, dan ganas de tomar nota. Algunos de los consejos parecieron los escribió específicamente para mí (y es ahí donde radica el éxito de un libro de superación personal), como el que todo lo que suba a redes sociales tenga una historia (así que queda prohibido volver a subir a Instagram o Twitter una foto de un pinche vasito de Starbucks porque eso no comunica nada.

Otra lección en la que más o menos voy avanzado es en la de enseñar el proceso de mis obras y eso es más o menos lo que he intentado en mi Instagram. Y también en que todo tenga una historia, en esto creo que he vislumbrado un tanto, algo, la importancia de contar historias… cuando la gente postea en Twitter la foto del vaso de café del Starbucks no están diciendo nada, sólo que pueden pagar un sobreprecio por un muy mal café, pero contar una historia alrededor de este café, he ahí el reto porque hay que respetarle a la gente que nos dio ‘seguir’ su interés, pero sobre todo su tiempo.

No quiero decir que este libro ha sido un parteaguas, pero se ha presentado en mi vida en un momento muy oportuno en que estoy decidiendo cosas como vender mi obra y la remodelación de mi estudio. Sin duda por pronto ha modificado las tonterías que subo a redes sociales (síganme en Twitter) y sin duda lo que escribo aquí (prometo ponerle link a todo lo que se le pueda poner un link).

Seguro en el futuro se me olvidarán algunos de los consejos de Austin Kleon, pero por lo pronto me considero su fan (esto tampoco sé cuánto pueda durar) y seguiré la mayoría de sus consejos. Ya les avisaré cuando venda mi primer cuadro.

Abajo están las portadas (con sus respectivos links) de los libros que Austin va mencionando a lo largo del texto (y esto lo hago nomás porque sí).

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