Blim

Uno de los problemas de las compañías grandes, enormes, de esas en que todos los días se conoce a alguien nuevo que trabaja para el mismo dueño, es su dificultad para actuar con agilidad. Siempre he pensado que el número de salas de juntas en una gran empresa es directamente proporcional a los recursos que pierde si sus procesos fueran más ágiles.

Sospecho que este gigantismo ha sido el principal obstáculo para que la generadora de contenido más grande del país reaccionara tan lento a un cambio que tiene una década gestándose. Si bien tenían una bonita plataforma en internet y transmitieron juegos de competencias internacionales y los últimos dos mundiales, no terminaron de dar el paso a tiempo, antes de que les apagaran la señal analógica que dominaron durante tanto tiempo.

Ahora que presentaron su plataforma digital Blim, todo el mundo se ha dedicado a hacerles burla porque su contenido es propio, mexicano y por tanto, palidece ante las producciones de Hollywood que llenan las opciones de su obvia competencia: Netflix. Algunos valientes como René Franco, han tratado de defender a Blim, argumentando que la mayoría del contenido en español de Netflix fue producido por Televisa (sí, dicen los que saben, pero no todo).

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Con el reciente anuncio de que las series de Televisa dejarán de exhibirse en Netflix se abren cientos de posibilidades. La primera es diferenciar a los dos públicos; la segunda -que me encanta- es ¿con qué llenará Netflix este vacío de contenido en español? lo primero es pensar en Telemundo, pero también están las televisoras de Chiapas para el sur, en lo personal me encanta la serie chilena La Colonia… y mejor aún, todo lo que hace la BBC… la misma PBS… la salida de Televisa de Netflix podría ser un regalo caído del cielo (todo lo de Televisa o ya lo vi o no lo vi porque no quise cuando era gratis). Claro, también podrían no hacer nada.

Dejando de lado que obviamente el público prefiere las películas de Mel Gibson a las de los hermanos Almada está el público que gusta de las películas de los Almada, de las telenovelas como Muchachitas, de La Hora Pico e incluso el Dr. Cándido Pérez. En algún trabajo la plática del café era lo fantástico que había estado el programa de Facundo la noche anterior… y durante años la película más taquillera del cine mexicano fue alguna de las versiones de La Risa en Vacaciones, es decir: está más que probado que hay un público que paga por este contenido que le dice más, que tiene más empatía por él que por House of Cards o Breaking Bad.

La mala fe que nos ha llenado la red de memes en las que nos burlamos (porque me he reído bien) de Blim viene del natural odio a la compañía de medios más grande del país (los agravios van desde Siempre en Domingo hasta Juan Dosal narrando mal un partido de fut), del amor que tenemos por lo americano y de un público que se siente ajeno a Otro Rollo, pero créanme cuando les digo que si bien Blim no será la compañía que sustituya a Netflix, sí tiene su público… y es más grande de lo que parece.

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Recuerdo hace años que Raúl Velasco hablaba con desprecio de las antenas ‘paradiabólicas’ porque sabía que un sector de la población (los que podían pagarla) de repente encontraron una televisión hecha con algo más de imaginación (al ver los documentales de PBS uno se da cuenta que no sabe nada de documentales) y luego el cable vino a confirmar que si había otra opción a la ‘caja enajenante’ ahí nos iríamos muchos.

Netflix, YouTube y las redes vinieron a acabar con el cuadro… la tecnología nos trajo más opciones y muchos nos hemos dejado conquistar. Pero solo son opciones, el pastel es muy grande y si hay lugar para Claro Video y sus seis películas, seguro hay lugar para Blim y sus repeticiones de La Carabina de Ambrosio (donde vale mucho la pena ‘La Palabra Canta’).

Hace poco más de dos sexenios vi como por fin el PRI salía de Los Pinos… para luego ver a México votar por que regresaran a dominar el país… ¿por qué no, estos mismos mexicanos, dejarían de abrirle la puerta a la Televisa de siempre a sus hogares?