It’s What I Do

Me considero periodista, pero siempre he sentido que el término me queda grande. Hago entrevistas, las publico y también hago periodismo de estilo de vida. Mientras leía el libro de Lynsey Addario viaje dos veces a hacer el periodismo que hago: me recibieron -con mis colegas- de lo mejor en dos preciosos hoteles, nos dieron de comer lo mejor que encontraron y nos tenían preparados autos perfectamente nuevos para que los probáramos y escribiéramos de ellos.

En el avión había leído de la cobertura que la fotorreportera Addario hizo en Afganistán, Iraq y Libia, en patéticas condiciones (no tenía agua, iba en una camioneta llena de rebeldes armados, en países donde por su nacionalidad era considerada enemiga). Por eso siento que el término ‘periodista’ me queda grande. Periodista (con P mayúscula, es Lynsey Addario).

Hace un año compré el libro It’s What I Do de esta fotógrafa norteamericana. Creo que fue en algún aeropuerto (la edición en pasta dura). Fue una gran compra.

El asunto con este tipo de periodistas es que uno ve sus fotos, lee los reportajes y pocas veces nos fijamos quién sacó la foto o quién escribió. Aquí Addario cuenta no solamente de su familia y cómo se encontró primero con la fotografía y luego con las ganas de viajar y compartir las imágenes que iba capturando hasta llegar a una zona de conflicto. Es muy revelador que a su generación le tocara reportar la guerra en medio oriente y en medio del mundo árabe (del mundo árabe da una descripción exacta, sin juzgar, incluso cálida; sí, a las mujeres se les tiene restringidas, pero ella describe un respeto enorme -de los talibanes, por ejemplo- por las mujeres).

La otra parte del libro que, al menos a mí, me ilumina, es el cómo llega a los lugares para hacer las fotos de los campos de refugiados, de los civiles afectados por las guerras. Contrario a lo que hacemos muchos periodistas, a ella no la llevan, no le pagan todo, no le tienen un cuarto de lujo en un hotel precioso sino que ella se procura muchas veces los viajes y mediante sus contactos va armando su llegada a los lugares más inhóspitos de la tierra… eso sin mencionar que en el camino de la corresponsalías de zonas de conflictos, ha perdido a muchos amigos.

Niños juegan alrededor de un auto en llamas en Benghazi, Libia (durante la revolución). La foto la tomó Addario el 28 de febrero de 2011.

Niños juegan alrededor de un auto en llamas en Benghazi, Libia (durante la revolución). La foto la tomó Addario el 28 de febrero de 2011.

Entiendo que hay periodismo que se puede hacer sentado en un escritorio, otro en donde uno solo relata las experiencias que alguien más crea, pero esta profesión de Addario es la que nos reivindica a la mayoría, incluyendo a las personas que sin ir a la zona de conflicto habilitan la publicación de sus fotos. El texto no contiene ni una pizca del romanticismo del corresponsal de guerra, porque las veces que la han secuestrado ella y sus compañeros se mueren de miedo, los maltratan (a ella la acosan), golpean y Addario no se congratula de nada de ello.

El libro contiene algunas fotografías. Obviamente revisé otras tantas en la red y encontré que esta mujer busca la belleza en sus cuadros (en parte por ello se ha vuelto famosa), aún en lo peor de lo peor que tiene por mostrar la humanidad, ella encuentra estética.

El libro está redactado con mucho humor, porque hay cierta parte de ella que no se toma muy en serio, y dadas las circunstancias extremas de su trabajo, esto resulta en una lectura entretenida, ilustrativa, que abre los ojos. No es una lectura para todos, pero el libro en sí está muy bueno. Al final del libro (que leí rápido), uno entiende porqué Addario, madre de un pequeño, hace lo que hace.

Por 18 dólares la verdad fue una ganga.

Por 18 dólares la verdad fue una ganga.