El Papa

A propósito de un comentario escrito por Toño Malpica en Facebook, compartido por Paula Laverde y de su historia personal con las visitas del Papa, me acordé de la mía, en particular con Juan Pablo II.

Le Pape souriant es mort“, anunciaba algún diario francés y mi mamá soltó una lagrimita porque veía en Albino Luciani, antiguo Patriarca de Venecia, un aire fresco en la iglesia católica. La familia que la adoptó era muy católica, ella misma iba a lecturas de la Biblia y esas cosas. Cuando la gente tacha de malo lo que hace la iglesia me acuerdo de la historia de mi madre y la familia que la adoptó, con todos sus claroscuros y desprecio a los que ven todo o blanco o negro.

Cuando vinos en la televisión al nuevo Papa todos nos emocionamos. No porque fuera a salvar nuestras almas sino porque era igualito a un amigo de la familia, el matemático Profesor de la Universidad de Toruń, Daniel Simson, amigo de la familia. Mi papá tiene un par de anécdotas con Daniel cuando visitó México, que por el parecido con Juan Pablo II … bueno, ya luego les contaré.

Estudiaba yo en el Colegio Franco Español en donde nos daban clase de Moral y ahí rezábamos. Un día saliendo de la escuela, en lugar de ir a la casa, mi papá manejó hasta no sé donde. Las calles estaban cerradas y todos los autos detenidos, él apagó la camioneta y nos sentó en el techo de la misma. Frente a nosotros pasó hecho la mocha el Papa polaco. Días más tarde hicimos lo mismo en otra calle pero no vimos nada.

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No me provocó mayor asombro que la del ver a alguien a quien veía en la televisión y en los periódicos. Quizá mi mayor sorpresa fue que mi papá, consumado comunista, me llevara a ver al Papa; pienso que quería que lo viera para poder luego platicar que lo vi, así como él dice “yo vi a Charles de Gaulle cuando vino a México”.

Cuando Juan Pablo II regresó vi más de cerca el fervor que despertaba en la gente pero gracias a una encuesta que hicieron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales entendí que sí, mucha gente va a verlo con ganas que salven su alma y todo eso, pero otras tantas, muchas, van porque “es gratis”. La televisión enfoca a los que lloran y rezan, pero alrededor hay cinco que solamente ven.

Luego me llamaron la atención los reclamos que le hacía a la iglesia católica, que en algún momento alrededor del año 2000 recibía presión para que ‘permitiera’ el matrimonio entre personas del mismo sexo y la clonación (siempre pensé que esto era para que los padres se casaran con sus clones)… como si la iglesia lo tuviera ‘prohibido’. La iglesia lo sigue viendo mal, claro, pero los homosexuales ya se casan y el avance en genética va a todo vapor porque -afortunadamente- la iglesia no interviene en esos menesteres.

Además de estos reclamos están los más justificados del abuso a menores por parte de algunos sacerdotes. No que sean mayoría ni nada, pero la iglesia no hizo nada por llevarlos ante la justicia y aún más, los escondió de la misma.

Luego vi a Juan Pablo II otra vez, él venía llegando de una gira por medio oriente y yo de comer en Austria. Audiencia General en la Plaza de San Pablo y la plaza estaba callada, poca gente le ponía atención, los turistas se tomaban fotos sin hacerle caso… nadie gritaba de emoción. Antes de que acabara de hablar muchos ya enfilaban a seguir caminando por Roma… y yo me hice una foto.

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Cuando Juan Pablo II se murió me sorprendió la cantidad de porquerías que se hacía con el dinero del Vaticano. Quizá por eso Ratzinger renunció ates de volverse un viejito decrépito al que le dieran a firmar cualquier cosa y la firmara.

Al llegar Francisco al papado renové la fe que tengo no en la iglesia como la casa de Dios sino como la potencia diplomática que es. En sus primeros años Juan Pablo II fue figura fundamental para que Polonia se volviera algo más democrática; junto con Mikhaíl Gorvachev terminaron con ese experimento fallido del socialismo real.

Luego de la necesaria transición de Ratzinger (que entre otras cosas puso orden al Vaticano que ya no podía gobernar su senil antecesor), llegó Francisco, que ha hecho más titulares en la prensa por nimiedades que por los cambios que está pugnando por hacer. La diplomacia vaticana, que tiene 2 mil años de antigüedad, ya logró hacerle una grieta al sistema en Cuba y no solo eso, sino acercar a Estados Unidos al proceso para que los cubanos no se vuelvan locos y se vuelvan chavistas. Dan asco los unos y los otros por igual, el izquierdista gobierno de la Ciudad de México gasta millones para poner carteles y darle la bienvenida a Francisco (cuando hay millones de baches que podrían tapar y miles de policías a quiénes enseñarles a escribir y razonar) y le dan las llaves de la Ciudad para que el Jefe de Gobierno tenga su bonita foto con el Papa.

Ese es el Papa al que me interesa escuchar, no a de los desplantes populistas (que acercan a los que están lejanos de la iglesia) y mucho menos al supuesto agitador que viene a no reunirse con los padres de los 43 normalistas de Shrodinger.

El jefe del Estado Vaticano es mucho más que el representante de Dios en la Tierra (título que, por cierto, no sirve de mucho acá abajo según hemos visto), es un hombre con las conexiones, el poder y  la discreción necesaria para hacer las cosas se muevan en serio en el mundo… acá abajo, independientemente del cielo, la religión, el infierno o los burritos.