La Agenda

Hice limpieza en mi closet y me topé con agendas de los últimos diez años.

Aunque tengo lo mío de acumulador, la principal razón de guardar las agendas era por ciertos datos como fechas de entrevistas (para los especiales de ‘las mejores entrevistas’ que luego hacemos) y algunos teléfonos que luego anoto al pie de las páginas.

Terminé con una colección de diez agendas, de las cuales me gustaba mucho la de 2005 que le compré al Unicef (junto con una corbata y una gorra que perdí en Teotihuacán). La mayoría fueron regalos y hoy me sorprende que hay un par de años en que parece que no tuve gran cosa que anotar, pero seguramente fue porque o lo recordaba o lo anotaba en otro lado… otros años parecieron ser más caóticos.

Durante ya un par de años me he resistido a utilizar los dispositivos electrónicos para llevar la agenda, sigo prefiriendo ver de una vista toda la semana con tan solo abrir una libreta y aunque he comenzado a utilizar notificaciones de Google, confío más en lo que apunto de puño y letra, que jamás depende de tener pila o que le haya quitado el volumen al bendito teléfono.

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Como verán, en muchas ocasiones -cada vez menos- le ocurre lo mismo a las agendas que a mis cuadernos de la primaria, que es que se llenan de dibujos. Algunos como los fotografiados son los que valen la pena, otros tantos son solo garabatos que hago mientras estoy en una llamada esperando respuesta.

En los últimos años muchas veces he ‘perdido la batalla’ contra la agenda. Me frustra que, cuando acepto en tiempo y en forma una invitación para ir a probar coches a Santa Bárbara, California, me inviten para los mismos días (dos semanas después) a probar la primera clase de TAM en un viaje a Sao Paolo… y cosas así, el que me inviten a una gran cata de vinos justo cuando estoy de vacaciones o el tomar una entrevista el mismo día que me obligan a asistir a una de esas juntas de tres horas en que se toca un tema que se pudo haber resuelto con un correo electrónico.

Claro que todo esto no se refleja en la agenda (no así la ociosidad cuando me pongo a dibujar).

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Ese año no he recibido agenda alguna (la de 2015 la compré) y estoy pensando seriamente en que 2016 pudiera ser el primer año en que mi agenda sea totalmente digital (y de paso le ahorro basura al planeta)… aunque se me abulten los contra… como el disfrute que se genera de ir anotando mil tonterías al margen, utilizando plumas fuente y haciendo dibujitos mientras espero que me den una cita.

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