Fanta Orange (París, Francia)

Una de las discusiones en México sobre los refrescos (o soft drinks para otros lados, aunque no sé bien qué alcance tenga la definición), es la cantidad de azúcar que contienen y el daño que esto causa en nuestro organismo.

A veces me da la impresión que la gente se ha estado muriendo por culpa de la Coca-Cola.

Y hablando de muertes trágicas, en París tuve la oportunidad de hacerme de una Fanta de naranja. No sé si les he contado aquí que la mejor bebida del mundo es la Fanta Limón, si no lo he hecho luego les cuento de eso, y fue precisamente porque cuando estoy en Europa me atasco de Fanta Limón, que esta vez me llamó la atención la Fanta de naranja… porque en México llegó un momento en que todas las Fanta eran de naranja.

Como gran parte de los refrescos fuera de nuestras fronteras, este refresco tiene poco gas -lo cual ya no es sorpresa- pero lo genial es que parece que contiene jugo de naranja de verdad, en alguna cantidad baja, porque sabe a jugo de naranja, no a jarabe y se siente muy poco dulce, es casi lo que en México conocemos como una ‘naranjada con agua mineral’… pero de esas naranjadas hechas con naranja, no con jarabe.

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La presentación es de 330 mililitros (más chica que las latas mexicanas) con 129 kilocalorías en una latita naranja (que tiene alegría adentro) y 32 gramos de azúcar. Entre los ingredientes hay un concentrado de jugo de naranja (10%) y de limón (2%), saborizantes naturales y extractos de miel (además de un par de químicos). Sólo por comparar les cuento que una Coca-Cola mexicana normal de lata en 355 mililitros tiene 37 gramos de azúcar y 148 calorías, una Fanta Limón española de la misma medida trae 42 gramos de azúcar y 175 kilocalorías.

Me quedé con ganas de probar la Fanta Zero que hay por allá y la Pomme Cerise, pero tampoco me esmeré tanto en conseguirla porque el peor, el más asqueroso refresco que he tomado en la vida es la Fanta Chinotto, creada por el diablo para destruir al mundo un paladar a la vez.