París

Algunos ya los sabían, pero otros no. Los atentados en París me agarraron bajando del Arco del Triunfo, desde donde el movimiento que vimos de la ciudad se me hizo normal, aunque ‘normal’ no lo puedo precisar porque no vivo ahí.

Me ha sorprendido que mucha gente se ‘solidarizara’ con las víctimas de los atentados en redes sociales y de inmediato (pero no antes) otro grupo se molestara y se solidarizara con los sirios que están sufriendo una guerra (no con Francia sino una guerra civil en la que Francia ha participado como parte de una coalición). Me sorprenden dos cosas: el que no se solidarizaran con Siria o Líbano antes de lo de Francia… y que nadie mencione la guerra civil en Ucrania, Iraq o las pequeñas naciones africanas donde Boko Haram masacra a la población civil.

Lo segundo que me llama la atención es que nadie en Facebook (o Twitter) le dice a un amigo en específico que ha puesto los colores franceses en su foto de perfil: “maestro, no seas ridículo”. No, son quejas lanzadas al aire que cada quien se acomoda según le queda el traje.

Yo no conozco a ningún Sirio, pero no por eso dejo de pensar que la guerra civil es una calamidad (de la Primavera Árabe que tiró dictaduras en Túnez, Egipto y Libia, la Siria fue la única que resistió) ¿esta gente que se solidariza con Siria apoya al régimen de Al Asad o cómo?). En cambio, como a harto turista mexicano, los atentados nos agarraron allá.

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Como muchos mexicanos tenemos más cercana la cultura gala, yo leía a Astérix el Galo en la primaria (por cierto, acaba de salir un nuevo cuento), compraba la revista Onze de futbol, estudié francés en el CEUC, escuchaba Radio Francia Internacional y así conocí a la cantante belga Lio, que por los 80 tenía mucho éxito en Francia.

Al iniciar el viaje pensaba que iba a contarles algún aspecto de la cultura francesa, como lo es la imosibilidad de conseguir un buen desayuno temprano por allá o la impresionante selección de vinos que uno encuentra en Auchan. Lo que puedo decirles es que a los parisinos les interrumpieron la vida, a los turistas les cerraron todos los museos, cerraron casi todas las tiendas y la gente ya no quiso salir a la calle; a eso seguirán no sé cuántos filtros para entrar a lugares públicos y que en las fronteras por donde uno antes pasaba feliz de la vida ahora pidan mínimo el pasaporte (hace 15 años no pasé ningún filtro de seguridad, ahora incluso para ir a comer a Mama Shelter -el día después de los atentados- me revisaron).

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Mama Shelter es un restaurante buenísimo. Tienen pizzería por si quieren algo más barato y sencillo, el ambiente es trés chic y se puede ir nada más a echar el trago en la barra en un ambiente muy sofisticado. En la entrada venden ‘máscaras mexicanas’ de luchadores…

Somos más cercanos a lo francés, así de simple.

Si alguien hace algo que les molesta, díganselo a esa persona. (No hagan parecer que están enojados con la vida, porque entiendo que muchos aprovecharon para presumir sus fotos de París, si así les parece también y les molesta, díganselo a esa persona que les molesta y les cae mal, incluso se vale que les caiga mal porque esa persona ya estuvo en París).

Si cuando hay un atentado en París van a quejarse por la guerra civil en Siria, uno va a esperar que cuando vuelvan a tirar un avión ruso sobre Egipto se solidaricen con las familias de los más de 700 asesinados que en 2015 ha tenido Acapulco o de perdida, o de los muertos civiles durante la ofensiva houti en Taiz, en Yemen.

Y a mí me parece que decir Daesh es más exacto que ISIS.

París es una postal… pero de eso y de su programa de préstamo de autos eléctricos (así como de bicis) ya les contaré luego.

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