Las Lunas del Auditorio 2015

Desde hace tres años me llega una invitación para asistir a la entrega de los premios Las Lunas del Auditorio. Y los dos años pasado me fue imposible asistir (cada que me pasa algo recuerdo cómo es que pierdo batallas contra la agenda, pero como no he podido hacer un clon mío, es imposible que vaya a todos los lugares donde me invitan).

Este año decidí, en cuanto me llegó la invitación, que haría todo lo posible por ir a ver la 14ava entrega de estos premios e incluso aproveché una visita al restaurante Lipp La Brasserie para cruzar la calle (Paseo de la Reforma) y canjear mis boletos.

Muy puntual llegué a la cita y llamó mi atención la cantidad de fanáticos que había en el Auditorio, los gritos se escuchaban desde la salida del Hotel Presidente InterContinental (por aquello de cómo el Gobierno de la Ciudad de México desincentiva el uso del coche, dejando al Auditorio y al Autódromo sin estacionamiento). Vi que varios grupos de jovencitas gritaban mucho ante la presencia de no sé quién (no quiero parecerme a Juan José Arreola, pero la verdad es que no los conocía).

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Una vez dentro había dos sets de televisión en donde se hacían entrevistas a un montón de personas que yo tampoco conocía, pero otras pocas sí, como Rubén Albarrán de Café Tacuba y Gerardo Estrada, que dirige el Auditorio Nacional.

Una vez el violinista Joshua Bell contó que cuando él da un concierto y la gente paga mil dólares por verlo, hace su mejor esfuerzo para hacer que el dinero valga, pero la gente ya se le entregó desde que pagó mil dólares así que ya los tiene en la bolsa. Como les conté cuando el concierto de Miguel Bosé, los fans no se dan cuenta que el sonido es malo y no se entiende lo que cantan porque ya se saben las letras y entre la emoción y lo demás perdonan muchas fallas (técnicas). En estas premiaciones en donde el público no va a ver a un artista sino que los echan al escenario es donde se ve de qué están hechos.

Alguna vez me tocó ver a Ana Bárbara en una premiación de unos galardones que daba Banorte y la mujer se esforzó lo más que pudo ante un público que no conocía las canciones ni tenía ganas de bailar. Lo mismo -en la misma premiación- con Lidia Ávila que hizo lo imposible con un público que no sabía quién era.

En las Lunas del Auditorio se dio este caso, pero no tan marcado. En primera porque se presentaron números musicales como el de El Rey León que es una obra bárbara, o Los Tigres del Norte, que aunque no nos supimos las canciones tienen unas tablas impresionantes; Ha*Ash se partió la madre en el escenario y da gusto ver ese entusiasmo, que también tuvieron Los Caligaris, que nunca habían estado en el Auditorio Nacional y por ende pues era como su presentación con los mayores y quisieron quedar bien (y lo hicieron). También estuvo Ana Torroja… pero ella ya está en una liga distinta y el público ya es suyo, así que lo consciente (porque defraudar es fácil) y se llevó harto aplauso.

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Hablando de los premios, igual que con los Eliot, no conocí a muchos de los premiados más jóvenes. Me tocó ver de presentador a Mario Bautista y el chavo lo hace muy bien, no tanto como Paola Rojas y Jackie Bracamontes, claro está (pero ellas tienen toda la experiencia en esto), pero bien.

Hubo cuatro momentos de emoción -para mí-, el premio por una vida en el escenario para Diana Bracho (que ya lleva alrededor de 65 años en esto), mismo que le entregó un Jesús Ochoa (compartieron créditos en Entre Pancho Villa y una Mujer Desnuda) que puso una rodilla en el suelo al darle su Luna.

El segundo fue la Luna por su papel como precursor del rock que Rubén Albarrán le entregó a Jaime López. Seguramente es por la edad, pero todos estos chavos que cantan y dan tumbos deben en parte que el camino lo abrieran rockeros empedernidos de la era del rock rupestre como Jaime López (y ojalá algún día premien también a Naftalina).

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En tercer lugar estuvo la Luna que entregaron a Los Tigres del Norte, con mucha emoción Paola Rojas presentó -porque es Puma, confesó- al Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, quien le dio a los Tigres su Luna. La escena era tan extraña que encajaba perfectamente en el México de hoy; mis respetos a Narro por entender de qué va la Universidad (porque no por ser Rector se entiende).

Y yo me quedo con la Luna que ganó ¡Viva Veracruz! en la categoría de Danza Tradicional. Subieron y agradecieron el apoyo porque ellos no forman parte del star system, del mainstream o de lo que ahora la industria apoya para fabricar billetes (de hecho cuesta un huevo fabricar billetes en la industria) y aún así hay quienes los apoyan para seguir no solamente conservando una tradición sino música que al final es de lo que nos nutrimos los mexicanos.

Curiosa celebración la del Auditorio Nacional, muy bonita y ya madura con 14 entregas de los premios Lunas. Al final tocó Paul Van Dyke (no entiendo qué toca) y la gente se salió. (Y Javier Camarena, que estaba anunciado, no apareció ni fue mencionado).

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