Coca Cola (Miami, EUA)

Trato de hacer una cata de refresco cada que me topo con un nuevo refresco en la vida, no solamente en el extranjero, recuerdo muy bien que a principios de año en Mérida me encontré en una tiendita un refresco negro que sabía como a zapote con chicle.

Apenas la semana pasada me amanecí un miércoles en Miami Beach, tuve tiempo para comer un sándwich de atún con solamente una rebanada de pan (no sé cómo se le puede llamar a eso un sándwich) y luego fueron una serie de conferencias sobre el estado actual de los Tiempos Compartidos -dedicados al turismo- en el continente americano. Muy interesante.

Después de la última conferencia a la que pude entrar fui a despedirme de la anfitriona y ahí en la sala de prensa encontré una pequeña Pepsi que me servía para hacer una cata de refresco… una pequeña de unos 250 mililitros en envase de vidrio. Ya había hecho el check out (mi vuelo salía en la noche) del hotel así que me sentaría en el lobby a tomarme mi Pepsi con calma y a hacer notas (como venía de una conferencia traía con qué anotar) pero al abrirla noté que estaba caliente, ni siquiera al tiempo y así cualquier cosa con gas es un asco.

CocaMiami04

Después de deshacerme de la Pepsi fui por mis cosas con el concierge y tomé un taxi rumbo al aeropuerto. A la salida del Hotel Fontainebleu vi un Lamborghini Aventador, que puedo decir sin temor a equivocarme que fue lo mejor que vi en estos tres días, con excepción del lindo paisaje de lo que alcancé a ver desde el Taxi.

Eso sí, aprendí mucho de la industria de los Tiempos Compartidos, no solamente en México sino en el continente.

Pude, como quiera que fuera, comer en el restaurante Vida una carne buenísima y en el Michael Mina 74 la comida asiática muy más o menos (más más que menos, eso sí).

Con harto tiempo en el aeropuerto de Miami me dediqué a buscar el libro Riding with Reagan, que vi reseñado en CNN hace como dos semanas, pero los gringos, siendo lo que son, solo tenían el Killing Regan de no sé qué enfermo mental que también escribió Killing Patton y Killing Lincoln, que también estaban a la venta. Me resistí, eso sí, a la cantidad enorme de artículos de Star Wars que se venden ahora por doquier (porque ya todos estamos emocionados con la nueva película).

CocaMiami01

Con hambre (porque nunca me podré acostumbrar a esa extraña forma de comer casi nada en la mañana, un lunch al medio día y atascarse por la media tarde (porque tampoco es la noche)) me dirigí a un chagarrito para comer. Ahí pedí una Coca Cola para acompañar la comida, pero allá -y en el resto del mundo- la Coca Cola no es tan barata hacen algo de ceremonia para servirla y el limón y harto hielo y así no se puede con una cata y además moría de hambre.

Compré un libro para mi papá, eso sí, de esos que con bases científicas debaten temas filosóficos (o sea, no se ponen a sacar conclusiones a lo baboso sino con datos duros) y luego me fui a acabar de leer a una sala mientras cargaba mi celular (el libro del que les conté el otro día, I’ve Got Your Number de Sophie Kinsella), pero me tuve que mover de lugar porque cancelaron el vuelo que iba a salir de esa sala, le dijeron a la gente que se fuera a sus casas y la gente no lo tomó a bien.

Con una hora de retraso salió mi avión de American… que debo decirles que tengo una fascinación con American Airlines. El primer vuelo que tomé en la vida fue abordo de uno de estos, mi papá todavía se acuerda de lo emocionado que estaba yo gritando “¡¡se mueve, se mueve!!” cuando íbamos a despegar de la Ciudad de México hacia Boston. Las aeromozas me regalaron un pin con el logo de la aerolínea y mi mamá me llevó al baño cuando me entraron ganas de hacer de la chis… desde el aeropuerto estaba yo muy risueño, risa y risa con mi hermana recitábamos aquella de ‘mamá, soy Paquito, no haré travesuras’ y nos carcajeáamos de lo lindo.

Salí una hora tarde a la ciudad de México, lo que significaba que llegaría poco después de la media noche de un jueves y tenía una entrevista a las 8:20 de la mañana del viernes. El pensar esas cosas hace que me canse de antemano.

CocaMiami02

En el vuelo de ida apenas me senté me quedé dormido. En primera porque eso me pasa ya casi siempre y en segundo lugar porque me había despertado a las tres de la mañana para estar a las cuatro y media en el aeropuerto… creí que me pasaría nuevamente, pero seguí leyendo mi libro y debo decirles que estaba muy bueno, tanto que habré pestañeado un par de veces, pero abriendo el libro se me fue el vuelo de lo más rápido, tanto que cuando pasaron a ofrecerme algo de beber (de comer no, porque el vuelo dura poco más de tres horas) pedí una Coca, con la idea de sacar mi cuaderno de Audi y hacer la cata aprovechando que el vuelo iba bastante vacío y en la fila 13 solamente estaba yo.

Una de las cosas que más recuerdo de aquellos viajes a Boston en la década de los 70 es el regreso a la Ciudad de México, porque la primera vez que regresé aterrizamos de noche y el espectáculo de la ciudad desde el aire en la noche es un espectáculo increíble (ahora más, obvio, porque está mucho más grande). Cuando en los 80 Luis Gerardo Salas comenzó en Rock 101 a decir que trasmitía desde “la ciudad más grande del planeta” yo entendía que era por la grandeza de la misma y la imagen que se dibujaba en mi mente era de alguna noche en 1976 regresando en un DC10 -supongo- de American Airlines.

CocaMiami03

Eso es lo mejor de regresar a la Ciudad de México de noche (y cada que vengo en ventanilla tomo una foto y la subo en Instagram diciendo que esa es la vista de… the greatest city of them all (porque en Instagram escribo primordialmente en inglés)).

Así que ocupado en la lectura y en la foto, me acabé la Coca sin tomar nota alguna… pero creo que estaba buena, sin mucha azúcar ni tanto gas como la mexicana…