I’ve got your number

Cada que les escribo sobre una novela de Sophie Kinsella que acabo de leer, les cuento la historia de cómo de la nada, llegó Lizbeth de no sé qué parte de Estados Unidos y me regaló Can you Keep a Secret? de esta autora inglesa, de cómo me encantó la novelita rosa, y desde entonces cada que puedo y encuentro la manera, compro y leo sus libros.

Pero creo que este será el último en mucho tiempo. Esta novela trata de una fisioterapista que acaba de perder su anillo de compromiso (una antigüedad, con una gran esmeralda que pertenece a la familia intelectual de su también muy intelectual novio), de cómo le roban su teléfono celular (el mismo que le ha dado a todos en el hotel donde perdió el anillo) con tanta suerte que se encuentra uno -mejor que el suyo- en el bote de basura.

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Kinsella es una maestra a la hora de armar enredos, porque resulta que el teléfono pertenece a la asistente de un gran ejecutivo de una multinacional y lo quiere de regreso, de tal suerte que la protagonista (Poppy Wyatt) comienza una relación vía SMS con el ejecutivo (Sam Roxton) y los enredos no dejan de sucederse. En lo que es una maestra la autora es en armar y describir esas escenas en que uno quiere que la tierra se lo trague, ayudado por la neurosis de la protagonista, sin la cual, por cierto, sería imposible armar la historia.

Las novelas de esta autora se sostienen por cosas como “… dije sin que me diera cuenta hasta que había salido de mi boca”, “… la furia me ganó y le grite que…”, “… cuando me di cuenta ya lo había dicho”, “… no sé cómo terminó en mis manos”… que en las otras novelas que le había leído están muy controladas, pero en esta de plano se pasó. Otra cosa que utiliza mucho es el sentido de inferioridad de sus protagonistas, el mismo que hacia el final superan y el galán un poco misterioso, adinerado, que aparece de la nada, novela tras novela. O sea, no es literatura de alto nivel, son historias muy entretenidas muy bien confeccionadas alrededor más o menos de lo mismo que le han hecho vender millones porque a sus jóvenes lectoras les encantan (y hasta ahora, a mí también, sin que me considere para nada una joven lectora).

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Novelitas rosas todas ellas, entretenidas todas ellas, pero cuando uno descubre que el conejo está debajo de la caja donde el mago tiene la chistera, pierde un poco el chiste. Eso sí, en días de mucho trabajo y presión, ha sido un escape que fácilmente me llevaba a reírme de las estupideces que Kinsella hace que su protagonista haga y a angustiarme por los líos en que la mete, por eso una y otra vez regresé al libro, el segundo de la pila de libros que están sobre mi buró esperando ser leídos (y he cumplido aquello de no volver a comprar libros hasta acabar de leer -o descartar los que no merezcan ser leídos- esa pileta).

Hay cositas muy locales en esta y en sus otras novelas, que se desarrollan en Londres (según Stan Lee, es más fácil escribir sobre la ciudad que uno conoce mejor) y ciertas cosillas que seguramente se me habrán ido por no comprender el entorno, pero fácilmente pasan y nunca son fundamentales en la historia.

Hay una lección por ahí, muy bien armada, sobre la autoestima que para estas jóvenes lectoras debe servir de algo, no es el motivo de la historia ni la moraleja, simplemente se deja ahí flotando por la misma relación de una chica con una carrera técnica, la de fisioterapista a punto de entrar a una familia de la aristocracia intelectual inglesa que siempre está platicando que si de los griegos, que si de el estoicismo o la influencia de la mitología nórdica en los cuentos populares galos del Siglo II después de cristo, lo cual le genera a Poppy un sentimiento de inferioridad, ver cómo lo supera y enfrenta sus miedos es lo rescatable para cuando uno termina el libro.

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Recomiendo las novelas de Kinsella (bueno, solamente he leído Twenties Girl, The Undomestic Goddess, esta que les cuento y Can you Keep a Secret?) siempre y cuando recuerden que son  novelitas rosas.

Ah… por cierto, la autora es famosa por su serie de libros de Shopaholic (adicta a las compras, de la cual se hizo una película), pero esas sí que no me interesan.