Syd Barrett, El Brillo de la Ausencia

Este es el primero de los libros que tengo en el buró que acabo. Lo compré en Madrid hace ya más de dos años y había estado ahí esperando a que lo agarrara, pero eso no había ocurrido, señalo el que lo compré en Madrid porque generalmente estas cosas las leo en inglés y quizá eso fue lo que más llamó mi atención, el que sea el primer libro de este tipo que veo en español…

Conocí a Pink Floyd cuando niño, en casa de mi abuela mis tíos escuchaban el Dark Side of The Moon, grabado en el año en que nací. Ahí en esa misma casa vi Pink Floyd: The Wall cuando salió en formato Beta. En la preparatoria fue Alejandro Olvera el que me prestó sus discos y ahí comenzó mi afición por este grupo; me prestó también un ejemplar de la revista Guitar (que nunca le regresé) en donde venía un avance del libro de Nicholas Schaffner A Saucerful of Secrets; The Pink Floyd Odyssey. Ahí me enteré de la historia de Roger Keith ‘Syd’ Barrett, fundador de Pink Floyd que se volvió loco y fue abandonado por la banda.

Años después leí el libro, compré más revistas, compré todos los discos, adquirí más videos y me leí otro par de libros sobre la historia del disco, así que comprar la biografía del fundador de Pink Floyd, al mismo que se le fundió el cerebro después del primer disco del grupo lo consideré no una elección sino una obligación y así me hice del libro de Rob Chapman que, he de decir, me aburrió en grandes tramos y acabé la lectura por disciplinado.

Pero cada que Chapman se desvía del tema (porque lo hace mucho) para hablar de un autor inglés, un pintor de hace tres siglos, un músico desconocido o una corriente de arte plástico que duró dos años, pienso que lo hace para rellenar con explicaciones el contexto de una vida que en el estrellato duró casi nada… porque a los 26 años Syd Barrett era un músico totalmente acabado.

En las otras historias de Pink Floyd que he leído, Syd ocupa el primer o segundo capítulo a lo más, porque no llegó a 1970… no llegó a Dark Side of the Moon y mucho menos a The Wall. Entonces ¿cómo cuentas una biografía con tan poquito material? Chapman hace auténtico encaje de bolillos incluso citando a historiadores que hablan de la vida de ¡otro artista! con el que Chapman teje una similitud con Barrett y entonces el libro está lleno de “lo mismo puede decirse de Syd”.

RobChapman00

El libro también tiene este tonito -que he leído muchas veces- de que el Pink Floyd de Barrett era el mejor, que sus presentaciones en vivo fueron su mejor versión y que la gente (pobre de nosotros) no los vimos nunca… que Pin Floyd luego se ‘vendió’ y cosas así… y claro, si Pink Floyd no hubiera tenido el éxito que tiene Barrett no importaría y este libro no habría sido escrito.

El libro podría ser muy competente en 158 páginas en vez de las 357 porque hay mucho de lo anterior e incluso de largas explicaciones de quiénes eran los artistas a quienes Syd, en su etapa de pintor, buscaba seguir y peor aún, se lanza a hacer una disección, casi línea por línea, de algunas de las canciones de Barrett.

Lo salva el que la historia del fundador de Pink Floyd sea tan a lo Van Gogh, tanto del artista sufrido que termina loco (que no pobre, porque el último líder de Floyd, David Gilmour, se encargó de que Syd recibiera su parte por las canciones que compuso y que Floyd tocó hasta casi su último concierto). Entre las leyendas, las mil historias que se cuentan, Chapman se pudo sentar con Rosemary Barrett, la hermana quien tan celosamente protegió a Syd, a platicar de cómo pasó su hermano el resto de sus días alejado de los reflectores y describe una vida que puede ser la de cualquiera de nosotros, no las leyendas del tipo que le aullaba a la Luna y eso, la verdad, es lo que más saca de onda…

El libro no me atrevo a recomendarlo, a menos que sean -como un servidor- muy muy muy clavados.

Por cierto, esta publicación -que no he encontrado en México- es de esos textos que me hubiera interesado leer en la prepa, cuando Alex Olvera me presentó formalmente a Pink Floyd… pero no, las librerías en México siguen retacadas de libros que no interesan leer.