¡Vamos allá!

El tema de los barcos es repetitivo, alguna vez alguien me lo señaló preguntando ¿y pintas otra cosa que no sean barcos? y la respuesta es que obviamente sí, pero el tema se repite una y otra vez en lo que hago… y tengo barcos a vela dibujados en mis cuadernos desde los años 70.

En este cuadro está la influencia de Takashi Murakami y su obra 727 que forma parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Vi unas litografías de Murakami en una galería en Lahaina y sin haber estudiado mucho su obra decidí que el sol en este cuadro debía ser como uno de los personajes de su obra; el barco planeaba también ser como una obra que está en el mismo museo, uno de Carroll Dunham simplemente titulado Ship, pero regresé a mis raíces con los barcos de vela.

En la escalera de una de las casas donde crecí había un gran cuadro (que está en las escaleras de casa de mi papá ahora) del puerto de Amsterdam, con buques de alto bordo con las velas recogidas, luego en Amsterdam me tocó ver una exhibición de pinturas de barcos a vela y la influencia no acaba.

Los animalitos que están sobre la rampa de colores ¿van o vienen? ¿son todos conejos? ¿hay un oso? Al no ponerles ojos, como era mi intención en un principio, dejo un poco abierto el tema.

Este cuadro se suponía era simplemente ‘un estudio’ para una obra un poco más grande, pero la composición y la ejecución me absorbieron a tal medida que ya no lo puedo considerar simplemente ‘un estudio’, aunque me ha dado pie a hacer variaciones del mismo tema, quizá incluso sin la presencia de un barco de tres mástiles y agregando para acompañar a los conejos (si es que los tres lo son) a la Banda de Jazz.

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