The Natural (1984)

La novela de Bernard Malamud del mismo título, The Natural, es una de esas que uno siempre puede encontrar en la estantería de una librería en Estados Unidos en la sección de libros de deportes, junto a las más recientes biografías o autobiografías de los ídolos del momento. La película se volvió con los años en una de esas clásicas del deporte.

Actúan Robert Redford, Robert Duvall y Kim Basinger cuando tenía todavía ese poder de interrumpir la respiración de la audiencia cada que aparecía a cuadro.

La historia es bastante simple: Roy Hobbs, el pitcher interpretado por Redford, va en camino a convertirse una gran estrella de Grandes Ligas… conoce a alguien en el tren y la primera noche que pasa en el hotel llega esta mujer y le pega un tiro (fue Javier Solórzano quien primero me hizo notar el parecido de la situación de Hobbs con la de Salvador Cabañas, con la diferencia de que al jugador del América se le acabó la carrera).

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La introducción de la historia es esta parte y termina justo cuando le dan un balazo. La película narra el regreso de un Roy Hobbs, ya habiendo pasado la edad para debutar en Grandes Ligas, como novato para los New York Knights, en donde ingresa como jardinero ya que no puede lanzar debido al balazo que retrasó 16 años su debut. Además de las dudas en torno a su talento y lo misterioso de su pasado (porque nadie sabe cómo alguien con tanto talento no haya llegado más joven a Grandes Ligas), está el enredo amoroso que hay con Memo Paris (la seductora amante del dueño del equipo, interpretada por Basigner), el dueño del equipo y el entrenador.

Situada en los años 30, la trama trae a colación intentos de soborno a los jugadores para que se dejen ganar, asunto que en 1919 efectivamente se dio cuando los Medias Blancas de Chicago se vendieron para perder la Serie Mundial contra los Rojos de Cincinnati. En The Natural obviamente no se involucra la mafia sino que es el mismo dueño del equipo quien quiere arreglar el resultado para dejar fuera del club al entrenador, mismo que goza del cariño de su equipo.

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El amor por el juego y los sueños de un niño aplazados casi hasta la edad adulta dominan una trama lineal, sin grandes actuaciones -más allá de lo necesario- y lugares comunes para el aficionado al beis, como la frase que repite Redford como su aspiración en la vida: “quiero que la gente diga: ‘ahí va el mejor bateador de la historia'”, que era una frase que tomaron del mejor bateador de la historia: Ted Willams.

Escenas como la de un batazo que revienta el reloj del estadio o el deshacer una pelota por darle muy duro son cosas también que en realidad han sucedido. Así que los lugares comunes, que siempre son efectivos en el cine, llenan esta película para hacerla una buena película de beisbol (ojo: de beisbol).

De las películas de beisbol que andan por ahí, quizá junto con Moneyball, es de mis favoritas, pero esta es un clásico.

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