Bellas y Fodongas
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jbreymundo@netscape.net
Bonitas, buenas ¿o perras?

Hace varios años me propusieron entrevistar a la Directora General de Cinemex, cuando Cinemex tenía una
Directora General. Raro en este negocio, pero también me mandaron una fotografía de la mujer propuesta para
hacerle foto y entrevista.

Vestida de traje sastre gris, esbozó para la foto –al menos para la que eligieron en su equipo de prensa para
mandar a los medios- una media sonrisa. Me llamó la atención –y me dio gusto- que en la foto corporativa no trajera
maquillaje, pero me llamó la atención el escote. Muy elegante.

Indagando sobre a quién iba yo a entrevistar, me contaron primero sobre su experiencia manejando números,
sobre la venta de Cinemex y la necesidad de mantener finanzas sanas y de hacer un proceso ordenado, para lo
cual ella estaba bien preparada y quizá hasta era la persona idónea.

Y alguien agregó: “es una perra”.

Ese último comentario lo escucharía al menos un par de veces más antes de la entrevista, a la que llegó con un
vestido negro –sin escote- y luego me di cuenta que el vestido se lo había puesto porque traía una pierna rota  que
luego me aclaró que fue un esguince.

La historia del esguince es de hecho un lujo, resulta que la mujer se mete a una junta de esas que duran mucho (y
yo opino que junta que dure más de 20 minutos, no sirve para nada), se sentó muy mal, sentada encima de una de
sus piernas y así andaría de tensa que se causó un esguince (y yo pensando que se había caído de un caballo o
algo así).

La plática entonces se tornó hacia el manejo del estrés. La mujer me pareció cálida, alegre, pronta para sonreír y
con sentido del humor. No pude dejar de notar, sin embargo, la atención que ponía la gente a su cargo… con un
algo de temor.

La segunda vez que me encontré con ella se volvió a portar encantadora, pero esta vez sí le pregunté –ni modo- de
manera abierta: ¿eres una perra?

Con una carcajada me respondió que sí. Pero lo hizo con gusto, porque según lo que entendí estaba contenta con
ello, porque en un mundo de hombres es necesario.

He citado hasta el cansancio a Janet Reno, que decía que a los hombres les admiraban por decididos, arrojados y
directos en el mundo de la política y los negocios, mientras que una mujer con los mismos atributos es calificada
de perra.

Reno lo decía como queja, esta mujer mexicana, ejecutiva de altos vuelos, que sin duda en este país pasó por
situaciones peores de machistas que la política norteamericana, decía que así era y que qué bueno.

Como broma está bonito. Un amigo de esta ejecutiva le hacía la broma, cuando sus hijas (del amigo, no de ella,
que no los tiene todavía) estuvieran grandes, se las iba a mandar para que las regresara bien aleccionadas. Ahora
que las niñas están grandes es ella la que le dice que se las mande, para que se eduquen y el le responde que no,
que no es para tanto.

Hace poco un empresario muy exitoso me presentó a la chef de su empresa. Una ojiverde de pelo chino y cuerpo
como de esas chicas que salen en el Playboy gringo, lo primero que pensé es que los Corn Flakes y los
sándwiches le deben quedar muy buenos (el agua de jamaica no tanto)… e inmediatamente me pregunté de dónde
salía este prejuicio. ¿Por qué el verla no solamente guapa sino sugestivamente vestida me hacía pensar que en su
trabajo es una papanatas?

¿Checaron? Es una pena, pero parece que las mujeres nomás no tienen por dónde ser exitosas y no sufrir de
prejucios? Que si es bonita porque es bonita, que si está buena porque las presta y si es buena en el trabajo, pos
es una perra.