Les cuento de...

La primera película me gustó. No se trataba de hacer muy serio el asunto, en primer lugar porque la trama trata de
unos robots alienígenas que se transforman en coches y aviones, que llegan a la tierra para pelearse entre ellos y
amenazando con su guerra, con destruir el planeta.
En la primera película Michael Bay logró la dosis exacta de drama (muy poco), acción (harta) y humor (en buena
medida). Ahora trató de echarle más humor a la mezcla con no muy buenos resultados, sobretodo en la
introducción de ‘los gemelos’, un par de robots que se la pasan peleando todo el tiempo, una especie de mezcla
entre las cochinillas checas de Bichos y Jar Jar Binks.
Me recuerdan a los Autobot Minicars, que eran los juguetes más chiquitos de la línea de los Transformers, también
los más baratos… pero en la película, si los quitan no pasaría absolutamente nada, excepto que se volvería más
ágil la trama. En conclusión: son un estorbo.
Otra secuencia que sale sobrando es una de los padres del protagonista, Sam, en la universidad. Quizá si se
sacara una ‘versión del directos’ esta podría terminar siendo más corta que la original.
Por lo demás, como película de acción, está muy buena. Los efectos y el sonido siguen al nivel de la primera
película, aunque en esta hay escenas más impresionantes y es mucho, pero mucho más violenta que la primera
(eso sí, no hay nada de sangre y lo que se muere y se despedaza son las máquinas, no las personas).
Transformers, la venganza de los caídos
Dirigida por Michael Bay
Protagonizada por Shia LeBeouf y Megan Fox
Escrita por Ehren Kruger, Roberto Orci y Alex Kurtzman
La Ciudad de México, cuando llueve, es como un polvorón, dice el buen
Paco Zea. Y Paco tiene razón, por eso ayer que estaba lloviendo a cántaros
en lugar de seguir nuestro camino habitual por los caminos inundados de
la Ciudad, mi novia y yo decidimos meternos al cine.
Lo que quiero explicar con lo anterior es la razón por la cual terminé el
jueves en la noche en el cine y la función que cumple perfectamente
Transformes, la venganza de los caídos.
Ahora, creo que también es necesario aclarar que yo fui de la generación
que jugó con estos muñequitos que luego hicieron caricatura. Yo tuve no
solamente a Optimus Prime sino –entre otros tantos- a Starscream cuando
era un F-15, cuando el F-15 era el jet más moderno y elegante de la
aviación norteamericana… porque hoy Starscream se transforma en un F-
22.


Excepto por un par de momentos aquí y allá, involucrando situaciones con personajes que salen en la primera
película, no es necesario ver –o recordar- lo que pasó en la primera entrega, aunque el recordarla sí la hace mucho
más amena y uno entiende más chistes.
En los juguetes originales, había mucho más Autobots –los robots buenos- que Decepticons –los robots malos-,
no sé por qué, pero así era. En esta película de la venganza de los caídos, que son obviamente los malos, estos
superan por casi dos a uno a los Autobots, tampoco sé por qué.
Michael Bay respetó, curiosamente, el hecho de que los buenos sean coches principalmente y que en la filas de los
malos haya aviones y robots que asemejan felinos. Y aquí habrá que aplaudir a los diseñadores, que crearon una
imagen de tecnología alienígena bastante coherente, ya que las formas afiladas, delgadas, en forma de garra,
representan la tecnología de estos seres.
Ahora, lo que sí molesta es que todos los Autobots sean General Motors. No solamente la compañía gringa quebró,
sino que hacen pésimos autos… y vienen a reemplazar a un Porsche, un Jeep y a un Lamborghini! ¡Háganme el
chin**do favor!
Claro, al que mejor le va en esto de pasar de los juguetes-caricaturas a la película es a Bumblebee, el Camaro
amarillo, quien originalmente es un vocho. Él y Optimus Prime –que sigue siendo un Tráiler, son los únicos dos
Autobots que no se pueden quejar.
Pero eso, claro, sólo puede importar a mi generación, los que jugamos con los carritos y aviones en los 80.
Ahora, con los nuevos efectos visuales, poco puede importar.
Fan de los juguetitos aparte, habrá que hacer una mención especial de Mikaela Banes, interpretada por Megan Fox,
que quién sabe qué cosa se hizo en los labios… pero sigue siendo un placer verla. En serio, aunque estén los
Decepticons a punto de matar a todos los Autobots, a Mikaela y a Sam, destruyendo a su paso todas las ruinas del
Egipto antiguo… y uno se puede distraer bastante viendo a Megan. Es sencillamente impresionante.
Los sets, por cierto, son también impresionantes (aunque Megan distrae mucho), la producción tuvo la oportunidad
de filmar en Egipto en varias locaciones, incluyendo un par de templos (con esas enormes columnas llenas de
jeroglíficos) y en las pirámides. También tuvieron oportunidad de filmar en Petra, en la misma locación que usó
Spielberg en Indiana Jones y la Última Cruzada –quizá ayudó que Spielberg es productor de esta película.
Después de tanta persecución, transformaciones, destrucción y corredera (hay unos minutos, casi al final, que el
asunto me recordó a Owen Wilson en Behind Enemy Lines)… en fin, después de todo esto, salí del cine satisfecho,
fue la primera vez en no sé cuántos años que comí palomitas acarameladas mientras veía una película para
niños… o sea, para hombres, pero con alma de niños.
