Les cuento de...
Cuando me dieron la oportunidad de elegir el asiento en uno de los Teatros Telmex de la Ciudad de México, pues generalmente uno quiere hasta adelante, pero en el caso del Slava Snowshow tan tan adelante no es buena idea, porque parte del show hay que verlo un poco atrás y una de las cosas que sabía que iba a disfrutar mucho es ver las caras de los demás, la reacción del público.

Y no me equivoqué.

El show es una serie de gags, nada del otro mundo, de un payaso amarillo (bueno, va vestido con un mameluco amarillo y unas pantuflas rojas… de hecho originalmente el show se llamaba Yellow) y lo que parece son sus sueños, en los que convive con su imaginación y otros tantos payasos, todos ellos de gabardinas verdes, unas ushankas extrañas y zapatos grandes, típicos de payasos.

De hecho, no estoy seguro si un par, pero seguro seguro uno de los sketches, formó parte alguna vez de uno de los espectáculos del Cirque du Soleil, así que esto es como una colección de lo que ha hecho Slava Polunin a lo largo de su vida, con este grupo y con otros con los que ha trabajado.

Al final del show, cuando casi derramaba –otra vez- las lágrimas de la alegría, traté de entender qué es lo que hace de este show de payasos algo tan bueno. Lo primero que entendí es que está a revoluciones muy bajas, todos los payasos se mueven lentamente, a veces al ritmo de la música semilenta, pero todo en general, con o sin música, va despacio.

Y ya que uno tiene el ritmo pausado, la vida se disfruta mejor. Ahora me dio, además, la impresión de que todos los movimientos, las cejas, las manos, los pasos, todo está perfectamente medido o estudiado de alguna forma (porque quiero creer que tienen la capacidad de improvisar en este sistema). Slava, después de todo, estudió filosofía para hacerla de payaso, porque los payasos rusos son cosa seria.

El otro día, un sketch de este show se presentó en un programa de la televisión mexicana. Obviamente no encajó en los chistes fáciles, vulgares y perfectamente olvidables. El gag es donde salen tres payasos a cantar una vieja canción italiana titulada Blue Canary.

La escena de los tres payasos, uno de los cuales trae una red como para cazar mariposas, puede ser rastreada hasta los años 80. En varios de los espectáculos de Polunin salía esto del Blue Canary, y no es que tenga dos décadas presentando el mismo chiste, porque se ha ido depurando cada versión más, con movimientos más lentos, con los tres o cuatro momentos graciosos menos obvios y claro, integrado a la totalidad de este show.
Lo fantástico es que alguien pueda pasarse 20 años con un chiste, pensándolo, mejorándolo, adaptándolo y que sirva de forma tan maravillosa. Y con el resto del show debe de ser exactamente igual.

No entiendo qué sea exactamente lo que funciona tan bien. Hace dos años citaba yo el humor universal que han logrado los rusos y su circo, hoy ya no estoy tan seguro de que sólo sea eso.

El mundo de sueños, extraños, de este payaso de amarillo (que ahora no interpretó Slava), es muy simple, en sentimientos, en música y en el humor –por lo mismo que no hablan nada- que apela a la más básica risa de ver a un payaso caerse de una silla, así, sin más ni más.

He leído muchas reseñas del show, de la historia de Polunin y su compañía (hasta me aventé un documental de media hora de la televisión rusa de la que no entendí nada) y aún así me cuesta trabajo encontrar las palabras para describir o contarles, así de simple, lo que es el show.

Lo que sí es que no pueden perdérselo, es, sencillamente, un homenaje a la vida… y al final, cuando estén disfrutando del papel picado que simula la nieve –muchísimo papel picado- y se sientan niños otra vez, traten de guardar algo de ese sentimiento para el día en que haga falta.
Portada   Bellas y Fodongas   Mis Dos Centavos   Dibujos   Enlaces    Fotografías   Pinturas

Slava Snow Show


Hace ya un rato que BBVA Bancomer me invitó a ver el Show de Nieve de Slava, fui sin saber a qué demonios iba, cuando comenzó el espectáculo se me hizo una mamarrachada de teatro moderno y hacia el final casi estaba yo llorando de la felicidad.

Ahora que HSBC patrocinó la vuelta de la compañía de Slava Polunin, compré de inmediato boletos para volver a ver uno de los mejores espectáculos que he visto en la vida.
Ir pa'rriba